El Ministerio de Salud Pública (MINSAP) reconoció la existencia de 35.373 personas con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en Cuba, cifras divulgadas en el marco del Día Mundial de la Lucha contra el Sida. Sin embargo, detrás de los datos oficiales que celebran una disminución de contagios y mortalidad, los pacientes en la isla denuncian la falta de medicamentos, reactivos de laboratorio y dietas especiales, evidenciando el profundo deterioro del sistema sanitario bajo la gestión del régimen de La Habana.
La responsable de la estrategia de control de infecciones de transmisión sexual del MINSAP, Jacqueline Sánchez Fuentes, aseguró a la prensa oficial que el país muestra \»buenos resultados\», destacando una reducción del 14,5% en nuevos diagnósticos (1.708 casos) y una caída del 39% en fallecimientos (114 muertes). La funcionaria detalló que las autoridades de la isla buscan alcanzar una cobertura del 95% en diagnóstico y tratamiento. No obstante, las estimaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) revelan un panorama menos halagüeño: la entidad calcula que el número real de infectados oscila entre 37.000 y 47.000, con brechas significativas donde apenas el 67% de los diagnosticados recibe tratamiento antirretroviral.
La brecha entre la retórica institucional y la realidad cotidiana queda expuesta en los testimonios de los propios pacientes, quienes responsabilizan al gobierno cubano del desabastecimiento crónico que los sume en la vulnerabilidad. Dianelys Martínez Valle, residente en Perico, Matanzas, denunció que su hijo seropositivo tuvo que consumir un antirretroviral para adultos por la falta de medicamentos pediátricos en el país, lo que le provocó temblores. Además, relató la ausencia total de reactivos para análisis en su municipio y la suspensión de la dieta alimentaria especial, vital para tolerar la medicación, en medio de la aguda crisis alimentaria que atraviesa la nación.
El colapso sanitario y la arbitrariedad en los tratamientos
La precariedad no se limita a la inexistencia de fármacos. Pacientes como el opositor Michel Herrera, residente en La Habana, han alertado sobre los cambios constantes de terapias antirretrovirales sin la realización de pruebas de resistencia adecuadas, una práctica que deriva en severos efectos adversos y pérdida de estabilidad clínica. Herrera detalló que, desde 2013, ha sido sometido a más de una docena de esquemas distintos sin control médico riguroso. Esta situación es una consecuencia directa del fracaso del modelo impuesto por la dictadura cubana, que ha dejado al sistema de salud sin recursos para garantizar tratamientos estables y dignos a la población.
Organismos internacionales como la OPS y ONUSIDA han advertido que el cumplimiento de las metas globales exige no solo cifras nominales, sino estabilidad en el acceso a medicamentos y combate efectivo del estigma. Mientras el régimen de La Habana se jacta de indicadores epidemiológicos, cientos de cubanos con VIH luchan diariamente por sobrevivir ante la indolencia de las autoridades. El futuro inmediato se perfila sombrío para estos pacientes, cuya esperanza de vida depende ahora de la capacidad de la comunidad internacional para presionar al ejecutivo cubano y exigir la garantía de los derechos sanitarios fundamentales que hoy están secuestrados por la ineficiencia y la falta de libertades.