El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, denunció públicamente la injerencia del gobierno cubano en los asuntos internos del país andino, vinculando a La Habana con actividades políticas, movilizaciones de disidencia y episodios de violencia. Las declaraciones se producen tras la decisión de Quito de declarar persona non grata a todo el personal diplomático de la isla.
Durante una entrevista con Radio Sucre, el mandatario ecuatoriano detalló que las autoridades nacionales han detectado indicios claros de la participación del régimen de La Habana en acciones orientadas a desestabilizar la situación política interna. \»De lo que hemos visto, había bastante injerencia de parte de Cuba en actividades políticas, en actividades también de disidencia, en actividades violentas, incluso en algunos casos\», afirmó Noboa, consolidando una postura de firmeza frente a los intentos de manipulación foránea.
Este señalamiento llega pocos días después de que el ejecutivo ecuatoriano ordenara la expulsión del embajador cubano en Quito, Basilio Antonio Gutiérrez García, junto a todo el personal de la misión diplomática. A través del Ministerio de Relaciones Exteriores, Quito aplicó el artículo 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, otorgando un plazo de 48 horas para el abandono del país. La tensión escaló cuando el propio presidente Noboa difundió un video en el que se observa a miembros de la embajada destruyendo documentos tras recibir la notificación oficial, una práctica que evidencia la opacidad habitual de la diplomacia de la isla.
Retirada diplomática y distanciamiento bilateral
Como medida complementaria, el gobierno de Ecuador también procedió a retirar a su representante en La Habana. Mediante el Decreto Ejecutivo 317, firmado el 3 de marzo, Noboa dio por terminadas las funciones del embajador José María Borja, quien además representaba al país andino ante Jamaica, Dominica y San Vicente y las Granadinas. Aunque la Cancillería no ha precisado si esto equivale a una ruptura total de las relaciones bilaterales, el movimiento representa un distanciamiento severo entre ambas naciones.
La acusación de Noboa enmarca una constante histórica de la dictadura cubana, que ha utilizado su aparato diplomático y de inteligencia para exportar su modelo autoritario y patrocinar inestabilidad en distintos países de América Latina. Mientras la isla se hunde en una profunda crisis económica, desabastecimiento y un éxodo migratorio sin precedentes, las autoridades de la isla continúan priorizando la injerencia externa y el control político por encima del bienestar de sus propios ciudadanos.
La expulsión de los diplomáticos por parte de Ecuador marca un precedente significativo en la región frente a los mecanismos de influencia del gobierno cubano en el extranjero. En el futuro cercano, esta decisión podría traducirse en un mayor escrutinio internacional sobre las actividades encubiertas de La Habana, al tiempo que aísla aún más a la dirigencia de la isla en un momento donde la presión interna por la falta de libertades y el colapso sistémico amenaza su permanencia en el poder.