La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) reportó la salida de servicio de dos unidades clave en las provincias de Artemisa y Mayabeque, lo que ha agravado el colapso del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) y mantenido a la isla bajo apagones continuos durante las últimas 24 horas, con afectaciones que superan los 1.500 megawatts (MW) en horario pico.
Las fallas técnicas en la unidad 5 de la Central Termoeléctrica Máximo Gómez, en Mariel, y en la unidad 1 de la planta Ernesto Guevara, en Santa Cruz del Norte, se suman a las limitaciones estructurales crónicas de la red. Según el reporte emitido por las autoridades de la isla, la disponibilidad actual de generación es de 2.040 MW frente a una demanda de 2.917 MW, lo que genera un déficit inmediato de 907 MW. Las proyecciones para el horario pico nocturno anticipan una disponibilidad de apenas 2.195 MW ante una demanda estimada de 3.600 MW, lo que elevaría la afectación a 1.475 MW.
Aunque el ejecutivo cubano ha destacado la producción de los 25 parques fotovoltaicos, que alcanzaron un pico de 457 MW al mediodía y generaron 2.506 MWh, este aporte resulta insuficiente para compensar el déficit general del sistema. Mientras tanto, los cortes de electricidad se mantienen implacables: en varias provincias del interior los apagones superan las 20 horas diarias, mientras que en La Habana oscilan entre seis y más de diez horas, paralizando hogares, hospitales y centros productivos.
Un sistema colapsado y bajo censura
La crisis energética no es un evento aislado, sino la manifestación de la decadencia estructural del modelo impuesto por la dictadura cubana. En lo que va de 2025, el país ha sufrido al menos cuatro apagones nacionales que han dejado a la isla completamente a oscuras. El pasado 28 de junio se registró un déficit histórico de 1.907 MW, dejando sin servicio a más de la mitad del territorio nacional. Ante esta situación, el régimen de La Habana ha optado por la censura sistemática sobre las protestas derivadas de los cortes eléctricos, restringiendo el acceso libre a los datos técnicos y bloqueando el trabajo de los medios independientes para ocultar la magnitud del desastre.
El prolongado desabastecimiento energético amenaza con desencadenar una nueva ola de malestar social en una población que ya soporta los embates de la inflación, el colapso de los servicios públicos y el masivo éxodo migratorio. La incapacidad del gobierno cubano para garantizar un servicio básico y esencial no solo profundiza el deterioro de la calidad de vida, sino que augura un escenario de creciente inestabilidad política y social en los meses venideros, frente al cual la respuesta oficial sigue siendo la represión y el silencio informativo.