La Empresa de Ómnibus Nacionales (EON) anunció la habilitación de un sistema de pago digital mediante códigos QR a través de las plataformas Transfermóvil y EnZona. La iniciativa, promovida por las autoridades de la isla como un paso hacia la modernización del sector, busca agilizar la venta de pasajes y reducir el uso de efectivo, pero choca frontalmente con la profunda crisis estructural que sufre el transporte público en Cuba.
El nuevo mecanismo de compra en línea pretende disminuir la dependencia del dinero en efectivo, una problemática agudizada por la escasez de billetes y la inflación galopante. Sin embargo, la implementación de esta tecnología contrasta de manera evidente con la realidad que padecen diariamente miles de pasajeros en las terminales de todo el país. Las aglomeraciones interminables, las constantes fallas en las aplicaciones estatales y la falta de conectividad estable evidencian una infraestructura incapaz de soportar la demanda real de los usuarios.
El transporte interprovincial atraviesa desde hace años un deterioro sistemático provocado por la ineficiencia del régimen de La Habana en la gestión de los recursos. La obsolescencia de la flota, la escasez de piezas de repuesto y la reventa ilegal de boletos convierten cada viaje entre provincias en una odisea para la ciudadanía. Incluso con la incorporación del pago digital, los usuarios seguirán enfrentando esperas prolongadas en terminales colapsadas, sin que el gobierno cubano ofrezca soluciones reales para el déficit de equipos operativos.
Exclusión tecnológica y brecha digital
La medida también pone sobre la mesa el grave problema de la exclusión tecnológica en la isla. Una porción significativa de la población no dispone de teléfonos inteligentes ni de acceso constante a internet, requisitos indispensables para utilizar el sistema de códigos QR. A esto se suma la discriminación en servicios como Viazul, orientados al turismo, donde los pasajes solo pueden adquirirse en euros mediante tarjetas internacionales, una condición que limita drásticamente la movilidad de los nacionales dentro de su propio país.
Mientras el discurso oficial celebra supuestos avances en la digitalización, las imágenes de pasajeros durmiendo en las terminales a la espera de un boleto reflejan el verdadero estado del transporte nacional. En un contexto marcado por apagones prolongados, caída constante de las plataformas electrónicas y una precariedad generalizada, la nueva pasarela de pago parece destinada a ser un anuncio más alejado de la vida cotidiana. La falta de una estrategia integral para revitalizar la flota vehicular confirma que, para la dictadura, la modernización se limita a maquillar el colapso sin abordar las causas profundas de la ineficiencia estatal.