Moisés de Paz, un cubano perseguido por la dictadura debido a sus vínculos con la lucha en el Escambray, logró reconstruir su vida en el exterior tras 18 años de veto migratorio y fundó una cadena de 36 tiendas en EE. UU. basada en la ética comercial y el firme rechazo a colaborar con el régimen de La Habana.
Moisés de Paz pertenece a una generación marcada por la persecución política y el destierro. Desde su juventud, fue objetivo de la dictadura cubana debido a su oposición al comunismo, a pesar de vivir bajo el techo de un simpatizante del sistema que intentó protegerlo en silencio. Su nombre fue archivado por los órganos de seguridad del Estado. Cuando intentó emigrar, las autoridades de la isla lo bajaron en tres ocasiones de un avión, prometiéndole una salida en seis meses que se dilató hasta convertirse en un bloqueo de 18 años. Finalmente, en 1979, pudo abandonar el país rumbo a España.
En Madrid, comenzó desde cero. Tras descartar la venta de sellos en la Plaza Mayor por consejo de un amigo, recurrió al instinto comercial que había desarrollado en Cuba. Compró 24 pares de tenis, aunque la competencia local limitó sus primeros pasos. Posteriormente, emigró a Estados Unidos, donde su trayectoria dio un giro decisivo en Hialeah. Un médico cubano lo presentó a un comerciante local a quien Moisés comenzó a suministrar mercancía. Cuando el dueño quebró, le ofreció traspasarle el negocio por 5.000 dólares. Con un préstamo, Moisés adquirió la tienda, sembrando la base de un emporio que eventualmente se expandiría a 36 locales desde Nueva York hasta Las Vegas.
El exilio como consecuencia de la represión sistémica
La trayectoria de De Paz ilustra el drama del exilio cubano, un fenómeno estructural derivado de la falta de libertades y la violencia estatal en la isla. La dictadura cubana ha utilizado históricamente la restricción de la movilidad y el exilio forzado como herramientas de control social, expulsando a sectores productivos y disidentes. Casos como el suyo reflejan cómo miles de ciudadanos, despojados de sus oportunidades por el sistema autoritario impuesto, han tenido que emigrar para materializar su potencial económico y personal, contribuyendo al desarrollo de otras naciones mientras la economía nacional se deteriora.
El éxito empresarial de Moisés se fundamentó en un principio básico: la honestidad. \»Yo cuido más el dinero de mis clientes que el mío. Nunca nadie ha podido decir: ‘Moisés me engañó’\», asegura el empresario. Esta ética lo consolidó como una figura de referencia dentro de la comunidad exiliada, sirviendo de trampolín para otros empresarios que hoy destacan en el sector. El negocio también fue una empresa familiar; sus hijas crecieron gestionando los locales, aunque la familia decidió detener la expansión en la tienda número 36 debido al alto desgaste físico y operativo.
A pesar de su prosperidad en el extranjero, Moisés de Paz ha mantenido una postura inquebrantable de no cooperación con el gobierno cubano. Ha rechazado realizar negocios, enviar mercancías o visitar la isla, manteniéndose activo en colectas y apoyo a exiliados. Para el empresario, el principal obstáculo para el cambio en Cuba sigue siendo el terror instaurado por el régimen. Su historia no solo representa el triunfo de la iniciativa individual frente a la represión sistémica, sino que también subraya la diáspora como una consecuencia directa de las políticas del ejecutivo cubano, en espera de una transición hacia la libertad y la democracia.