El prisionero político Carlos Alain Abrahantes Valdés, recluido en la Prisión Provincial de Camagüey conocida como Kilo 8, fue diagnosticado con anemia severa sin recibir los medicamentos necesarios para su tratamiento, en medio de un régimen alimentario que él mismo describe como insuficiente para sostener la vida, según su testimonio telefónico desde el penal.
Abrahantes Valdés, de 31 años y natural de Cienfuegos, relató que durante una inspección realizada la semana pasada planteó al jefe de unidad, mayor Leonardo Suárez Rey, la urgencia de recibir atención médica debido a síntomas que incluyen decaimiento, dolor de cabeza, taquicardia, dolor en el pecho, pérdida de peso, mareos, visión borrosa y lapsos de pérdida de memoria. El médico del penal le practicó un examen clínico sin estudios complementarios y le diagnosticó anemia severa, enumerando los medicamentos requeridos —fumarato ferroso, ácido fólico y complejo vitamínico B—, pero aclaró que no estaban disponibles en la prisión. Asimismo, le indicó doble ración de proteína, reconociendo que ese tipo de alimentos no existen en el recinto.
\»La anemia mata y ellos me la han provocado al alejarme de mi familia y someterme a una hambruna, al darme alimentos que no cubren para nada las necesidades nutricionales de un ser humano\», denunció el prisionero político. Según su descripción del menú diario, el almuerzo y la comida consisten en aproximadamente 60 gramos de arroz, una escasa cucharada de una mezcla de harina de trigo como supuesta proteína, eventualmente un trozo de yuca o calabaza cuando hay disponibilidad, y un vaso de agua hervida con arroz que llaman sopa. El pan que reciben es, según su testimonio, viejo y mohoso, y el refresco no es más que agua coloreada sin sabor.
Condiciones sanitarias críticas y enfermedades sin tratamiento
Abrahantes Valdés alertó que alrededor del 80% de la población penal de Kilo 8 presenta pérdida de peso visible y progresiva. \»Nos están matando lentamente de hambre. Se ve a los internos perder peso por día\», sostuvo. Además, durante una visita al hospital del penal, comprobó la existencia de reos enfermos de tuberculosis, dengue y hepatitis, así como casos de hipertensión, isquemias y cardiopatías graves que transcurren sin medicación alguna. \»Están dejando morir a los presos\», lamentó.
El joven fue arrestado el 10 de julio de 2023 y condenado a ocho años de privación de libertad por un supuesto delito de \»sabotaje\» contra la seguridad del Estado, en un juicio celebrado en la Sala de los Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Provincial Popular de Villa Clara. Según sus familiares, en el momento de los hechos que se le imputan —el supuesto incendio de almacenes del Ministerio del Interior— se encontraba en otro lugar. La ONG Cuban Prisoners Defenders, con sede en España, lo incluye en su base de datos de personas privadas de libertad por motivos políticos y ha documentado su arresto violento y los golpes recibidos durante la detención. El pasado 3 de junio fue trasladado arbitrariamente desde la prisión cienfueguera de Ariza hacia Kilo 8, una de las cárceles más temidas del sistema penitenciario cubano.
El caso de Abrahantes Valdés se inscribe en el patrón sistemático de la dictadura cubana de utilización del sistema penitenciario como instrumento de castigo adicional contra quienes ejercen su derecho a la disidencia. La negación de atención médica adecuada, la alimentación deficiente y el hacinamiento en condiciones insalubres constituyen formas de trato cruel, inhumano y degradante prohibidas por los tratados internacionales que el régimen de La Habana ha suscrito. Mientras las autoridades de la isla continúan ignorando las demandas de organizaciones de derechos humanos y de la comunidad internacional respecto a la situación de los presos políticos, ciudadanos como Abrahantes Valdés permanecen confinados en un deterioro físico progresivo que amenaza directamente su supervivencia.