El sistema energético de la isla se encuentra en estado fallido, con apagones que superan las 20 horas diarias en varias regiones. El ingeniero Pelayo Calante señala que la crisis es producto de décadas de mala planificación y desinversión por parte del régimen de La Habana, estimando que se requieren al menos 10.000 millones de dólares y años de trabajo para revertir el colapso de las termoeléctricas.
La infraestructura eléctrica cubana opera hoy en el límite de sus posibilidades, sostenida únicamente por el esfuerzo de los técnicos e ingenieros que permanecen en el país. Según el diagnóstico del ingeniero nuclear Pelayo Calante, quien desarrolló su carrera profesional en Cuba y actualmente ejerce como ingeniero certificado en Estados Unidos, el sector atraviesa un deterioro profundo derivado de políticas energéticas erróneas y una nula planificación de recursos. El experto subraya que resulta sorprendente que las plantas generadoras, envejecidas y sin el mantenimiento adecuado, sigan funcionando en las actuales condiciones operativas.
El colapso del sistema no responde a un fenómeno reciente ni a la falta de ingresos en el pasado. Durante los años de bonanza económica gracias al apoyo venezolano, las autoridades de la isla recibieron enormes recursos que, sin embargo, no se destinaron a modernizar la red eléctrica ni a garantizar su sostenibilidad. Calante destaca una paradoja histórica: pese a que la teoría marxista enseñada en Cuba, citando a Lenin, establecía que la electrificación era la base del desarrollo nacional, el gobierno cubano olvidó precisamente esa premisa, descuidando la infraestructura energética durante décadas.
Impacto del éxodo profesional y crisis estructural
A la obsolescencia tecnológica y la escasez de combustible se suma un factor crítico: el éxodo masivo de capital humano. La pérdida de profesionales especializados ha mermado severamente la capacidad operativa del sector, afectando todas las áreas estratégicas del país. Este fenómeno se enmarca en la crisis estructural más amplia que sufre la nación, caracterizada por una inflación descontrolada, el desabastecimiento crónico y la incapacidad del ejecutivo cubano para articular proyectos de desarrollo que detengan el flujo migratorio. La falta de energía agrava aún más la parálisis productiva y hunde la calidad de vida de la ciudadanía.
Para revertir este escenario, el especialista estima que una eventual recuperación del sistema termoeléctrico requeriría una inversión de al menos 10.000 millones de dólares y varios años de trabajo sostenido. Sin embargo, mientras la dictadura cubana mantenga el control absoluto sobre la economía y rechace las reformas estructurales necesarias, la atracción de capital internacional y la participación de la diáspora en la reconstrucción energética resultan inviables. La incapacidad de garantizar un suministro básico de electricidad no solo condena a la población a la pobreza energética, sino que aisla aún más al país en el ámbito internacional y hace impensable cualquier reactivación económica a corto y mediano plazo.