La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aseguró que su gobierno mantendrá el envío de petróleo y asistencia humanitaria a la isla, consolidando al país azteca como el principal proveedor energético de las autoridades de La Habana ante la presunta paralización del suministro venezolano. La mandataria minimizó el volumen de crudo despachado y atribuyó la crisis en la isla al embargo estadounidense, omitiendo cualquier mención a la responsabilidad del gobierno cubano en el colapso económico y la represión sistemática.
Durante su conferencia matutina, la mandataria mexicana defendió la continuidad de esta asistencia, argumentando que se trata de una política histórica y de un gesto de solidaridad con el pueblo cubano. Sheinbaum aseguró que estos envíos \»no es a costa\» de los ciudadanos mexicanos, ya que representan una fracción mínima de la producción nacional de PEMEX. Sin embargo, su postura mantiene una sintonía diplomática con el régimen de La Habana, al que continúa exonerando de su gestión deficiente y autoritaria, atribuyendo únicamente las penalidades de la población a las sanciones internacionales.
El respaldo energético de México cobra mayor relevancia en medio de la aguda crisis que atraviesa la isla, agravada recientemente por la presunta interrupción del flujo de combustible desde Venezuela tras las operaciones militares estadounidenses en territorio venezolano a inicios de año. Ante los cuestionamientos de un reporte del medio Financial Times que sitúa a México como el principal proveedor de crudo de la isla, Sheinbaum afirmó que no existen \»envíos particulares\» fuera de lo histórico, aunque admitió que, ante la situación de Venezuela, su país ha adquirido un rol más visible en el abastecimiento al gobierno cubano.
Omisiones frente a la crisis sistémica y la represión
Al atribuir el deterioro de las condiciones de vida exclusivamente al embargo, la presidenta mexicana ignora el colapso estructural de la economía centralizada, la hiperinflación, el desabastecimiento crónico y el éxodo migratorio masivo que sufren los cubanos. Más aún, en sus declaraciones no hubo espacio para reconocer las violaciones a los derechos humanos, la censura ni la persecución política ejercida por la dictadura cubana contra la sociedad civil. Esta omisión resulta significativa en un momento donde la represión estatal se intensifica para silenciar cualquier forma de disidencia o protesta social en la isla.
La postura de la administración de Sheinbaum ha generado fricciones diplomáticas con Washington. A mediados de diciembre, el Departamento de Estado estadounidense urgió a México a asumir un \»papel regional constructivo\» y advirtió que el apoyo al \»brutal, corrupto y económicamente disfuncional régimen\» va en contra de los objetivos de política exterior de EE.UU. A esta presión institucional se sumaron legisladores cubanoamericanos como Carlos Giménez, Mario Díaz-Balart y María Elvira Salazar, quienes advirtieron sobre \»consecuencias serias\» si México persiste en enviar combustible a la dictadura cubana.
El sostenimiento del flujo energético desde México hacia la isla prolonga artificialmente la viabilidad de un sistema que ha demostrado incapacidad para garantizar el bienestar de su población. Mientras la comunidad internacional y el exilio cubano exigen un cambio democrático y el respeto a las libertades fundamentales, el respaldo incondicional de aliados regionales representa un oxígeno político para el poder en La Habana, postergando las reformas urgentes que la ciudadanía reclama y profundizando el aislamiento de México en el debate sobre los derechos humanos en el hemisferio.