La prestigiosa revista británica The Economist ha publicado un análisis en el que advierte que Cuba se encamina hacia un desastre total si el gobierno cubano no cambia drásticamente su política. El informe, que recoge datos del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), proyecta una profundización de la escasez de alimentos y combustible, apagones prolongados y una nueva y masiva ola migratoria, en un escenario donde el Estado carece de los recursos necesarios para sostener la economía nacional.
El reportaje detalla una contracción sostenida de la economía desde el año 2018, agravada por una inflación galopante y la devaluación constante del peso cubano. Según el texto, el Producto Interno Bruto (PIB) se mantiene muy por debajo de los niveles previos a la pandemia, mientras la inversión pública resulta insuficiente para mantener infraestructuras vitales, como el ya colapsado sistema eléctrico. Ante este panorama, amplios sectores de la población subsisten únicamente gracias a las remesas del extranjero y al mercado informal, evidenciando el fracaso del modelo estatal centralizado.
La publicación retrata la cotidianidad en La Habana, marcada por apagones frecuentes y barrios enteros sumidos en la oscuridad debido al racionamiento de un combustible cada vez más escaso y costoso. La falta de divisas limita severamente la capacidad del régimen de La Habana para importar petróleo y alimentos básicos, lo que paraliza el transporte y la industria. Además, el análisis señala la profunda fractura social generada por la red de tiendas en moneda libremente convertible, que beneficia a quienes reciben dólares o euros en detrimento de la mayoría, obligada a hacer largas colas y a enfrentar precios desbocados en la moneda nacional.
Responsabilidad del Estado y estancamiento de las reformas
Aunque las autoridades de la isla mantienen el embargo estadounidense como justificación principal de la crisis, The Economist apunta de manera contundente que el descalabro es \»en gran parte de fabricación propia\». El análisis atribuye la situación a la persistencia del monopolio estatal en sectores estratégicos, la falta de seguridad jurídica para los nuevos actores económicos y la incapacidad del ejecutivo cubano para controlar la inflación tras la fallida unificación monetaria. Las reformas iniciadas en la era de Raúl Castro y continuadas por Miguel Díaz-Canel se han aplicado de manera inconsistente, siempre condicionadas por el temor del Partido Comunista a perder el control político absoluto, lo que permite que los conglomerados militares conserven las posiciones más rentables.
El informe también aborda la severa crisis demográfica, catalogando a Cuba como uno de los países más envejecidos de América Latina. La dictadura cubana enfrenta una hemorragia migratoria sin precedentes, impulsada por los bajos salarios, la falta de perspectivas y la constante represión política. Cientos de miles de jóvenes y profesionales han abandonado el país, vaciando sectores esenciales como la salud y la educación de mano de obra calificada, lo que compromete aún más el futuro de la nación.
El turismo, pilar fundamental de la entrada de divisas, fracasa en su intento de recuperación. Los hoteles construidos durante la última década operan con baja ocupación, la infraestructura se deteriora rápidamente y los visitantes optan por otros destinos caribeños con mejor calidad de servicios y menos restricciones. Si no se implementan cambios estructurales que liberen la economía del control estatal, el país se encamina hacia un colapso irreversible que exigirá una atención urgente de la comunidad internacional ante la inminente tragedia humanitaria que se avecina para la ciudadanía.