La empresa española Meliá Hotels International anunció la salida inmediata de la gestión y comercialización de quince establecimientos hoteleros en Cuba, una decisión que se produce ante la inminente entrada en vigor de nuevas restricciones de Estados Unidos contra el conglomerado militar GAESA.
La compañía comunicó a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) de España el inicio de un proceso de \»desafiliación ordenada\» de los inmuebles afectados, alegando el complejo \»contexto geopolítico, social, legal y económico\» que rodea su actividad en la isla. A través de su filial portuguesa Ilha Bela, el ejecutivo cubano y los propietarios de los hoteles fueron notificados de la cesación del uso de marcas y servicios de gestión. Entre los complejos afectados se encuentran el Gran Hotel Bristol Habana Vieja, Paradisus Varadero y Meliá Las Dunas, distribuidos en La Habana, Varadero, Holguín y los cayos del norte.
El repliegue de la hotelera española se da apenas dos días antes del vencimiento del plazo impuesto por Washington para que empresas extranjeras corten lazos comerciales con entidades controladas por las Fuerzas Armadas del régimen de La Habana. Meliá se convierte así en la segunda gran cadena española en reducir drásticamente su huella en el país, tras la reciente decisión de Iberostar de abandonar doce hoteles, sumándose también a los movimientos de la canadiense Blue Diamond. Estas corporaciones operaban bajo el paraguas de GAESA, un monopolio militar que controla aproximadamente el 70% de la economía nacional y que es el principal objetivo de las medidas coercitivas estadounidenses.
Impacto limitado en medio del colapso turístico y energético
Aunque la empresa aseguró que el impacto financiero de esta retirada será moderado, la realidad es que la gran mayoría de estos quince hoteles ya permanecían cerrados o funcionaban a capacidad mínima. Esta situación es un reflejo directo del profundo deterioro de la industria turística, históricamente presentada por la dictadura cubana como el motor estratégico para la captación de divisas. La falta de suministro energético, la obsolescencia de las infraestructuras y la caída estrepitosa de la demanda internacional han dejado al sector en estado crítico, evidenciando la incapacidad del modelo económico para sostenerse sin el respaldo de capitales foráneos.
Mientras Meliá mantiene operaciones en un puñado de establecimientos en Cienfuegos, Trinidad, Santiago de Cuba y la capital, la salida masiva de operadores internacionales augura un escenario aún más sombrío para la población. La pérdida de estos enclaves no solo representa un golpe demoledor a las aspiraciones de reactivación económica del gobierno cubano, sino que agrava la crisis de empleo y el desabastecimiento en zonas dependientes del turismo, profundizando el éxodo migratorio y el empobrecimiento estructural que asola a la isla.