Las autoridades de la isla confirmaron el hallazgo del cuerpo de Yarenia García Mariné, una joven madre del barrio Buena Vista, en la provincia de Las Tunas, quien había sido reportada como desaparecida a mediados de este mes. El régimen de La Habana informó sobre la detención del presunto autor del crimen, aunque omitió detalles sobre las circunstancias del asesinato y evitó clasificar el caso como feminicidio.
La desaparición de la joven madre generó una intensa movilización en redes sociales por parte de familiares y allegados, quienes reportaron que García Mariné salió de su vivienda rumbo a un parque local y nunca regresó. A través del perfil de Facebook \»Claridad Tunera\», identificado como vocero del Ministerio del Interior en la provincia, el ejecutivo cubano anunció tanto el hallazgo del cadáver como la captura del presunto criminal. No obstante, en su habitual opacidad, el comunicado oficial omitió información clave sobre la relación entre la víctima y el agresor, así como las motivaciones del homicidio.
Opacidad oficial ante el auge de los feminicidios
El asesinato de esta joven tunera se produce en un contexto de alarmante aumento de la violencia de género en el país. El Observatorio de Género de Alas Tensas (OGAT) ha documentado al menos 22 feminicidios confirmados en lo que va de año, sumados a 17 intentos. Esta tragedia se suma a los 48 crímenes machistas registrados el año pasado por organizaciones independientes, las cuales advierten que sus cifras son un subregistro debido a la falta de estadísticas públicas y a la censura impuesta por la dictadura cubana para documentar la realidad social de la isla.
Aunque el estatal Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género reconoció 76 asesinatos de mujeres por razones de género en 2024 —con un 73,7% ocurridos en el hogar y 70 menores dejados sin amparo materno—, el gobierno cubano se niega a tipificar el feminicidio como un delito autónomo en el Código Penal. Esta inacción legislativa y la ausencia de mecanismos estatales eficaces de prevención y protección reflejan la desidia institucional frente a una crisis que cobra vidas de mujeres de manera sistemática.
El caso de Yarenia García Mariné no solo representa una tragedia familiar irreparable, sino que evidencia la vulnerabilidad extrema de las mujeres en Cuba. Ante la pasividad del régimen de La Habana para garantizar la integridad física de sus ciudadanas y su negativa a reconocer legalmente el feminicidio, las organizaciones de la sociedad civil independiente continúan exigiendo justicia y visibilidad, mientras la comunidad internacional observa con preocupación el deterioro de los derechos humanos en la isla.