Miércoles, 22 de julio de 2026
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Colapso eléctrico en Cuba desata protestas nocturnas con cacerolazos en La Habana

Tras un nuevo fallo del Sistema Energético Nacional (SEN), los habitantes de La Habana organizaron recientemente cacerolazos nocturnos para protestar por la falta de electricidad y el deterioro de las condiciones de vida. Los ciudadanos repudian la inacción del poder y exigen soluciones a una crisis que agrava la inseguridad alimentaria y propicia el colapso de los servicios básicos.

El día posterior a la desconexión de la red eléctrica transcurre con una paralización generalizada en las calles de la capital. El transporte público y privado, incluyendo los triciclos eléctricos, se encuentra inoperativo por la imposibilidad de recargar las baterías, obligando a la población a desplazarse a pie. El cansancio por los cortes prolongados se suma al desabastecimiento, mientras de los hogares y comercios emana el olor de los alimentos en descomposición tras la interrupción del servicio de refrigeración.

La frustración ciudadana ha encontrado un canal de expresión en los cacerolazos. Aunque el gobernante Miguel Díaz-Canel sugirió en el pasado «tocarle la cacerola a los vecinos del norte», los cubanos han reinterpretado esta acción para dirigirla contra el gobierno cubano. Con un tono de desafío, los residentes aseguran que seguirán golpeando sus ollas cada noche con el objetivo de que el reclamo trascienda las fronteras de la isla y evidencie la crítica situación.

Crisis estructural y represión en la isla

En distintos barrios, los vecinos utilizan desde cazuelas hasta cilindros de oxígeno vacíos —vestigios de la crisis sanitaria durante la pandemia— para manifestar su rechazo a las constantes interrupciones del servicio eléctrico, la escasez de agua, el incremento en el precio de los alimentos y el corte del gas manufacturado. Estas respuestas ciudadanas ocurren en un contexto de profunda crisis estructural, donde la ineficiencia en la gestión energética y la falta de libertades bajo la dictadura cubana se traducen en un sufrimiento directo para la población.

Mientras en la capital se observan columnas de humo provenientes de las acumulaciones de basura incineradas, la sociedad civil envía un mensaje claro a las autoridades de la isla. La continuidad de estos apagones y la ausencia de soluciones reales amenazan con desestabilizar aún más el ya frágil tejido social. Esta situación aumenta la presión sobre el régimen de La Habana, que deberá asumir la responsabilidad de la crisis o enfrentar un crecimiento de la indignación popular, un mayor escrutinio internacional y el riesgo de un estallido social inminente.

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