La dictadura cubana intenta despojar de contenido político la protesta del luchador Javier Ernesto Martín Gutiérrez, conocido como el \»Spiderman de Cuba\», al asegurar que el atleta se encuentra bajo \»evaluación clínica\» en el centro de detención de Villa Marista. A través de medios oficialistas, las autoridades de la isla negaron que el deportista esté siendo torturado o encarcelado por su disenso, atribuyendo su manifestación a supuestos problemas de salud mental.
La plataforma vinculada a la inteligencia del Estado, \»Razones de Cuba\», difundió una versión en la que sostiene que el arresto del deportista no responde a motivos represivos. Según esta narrativa, Martín Gutiérrez no está preso sino siendo \»atendido\» tras varios días de comportamiento \»anormal\». El texto oficialista busca presentar las denuncias del atleta desde el balcón de su vivienda en La Habana no como un acto de rebeldía frente a la crisis nacional, sino como un episodio vinculado a trastornos psiquiátricos no diagnosticados, omitiendo detalles sobre especialistas, diagnóstico o el plazo de esta supuesta observación médica.
Esta campaña de descrédito surge tras las denuncias de familiares y prensa independiente, quienes reportaron que el campeón de artes marciales mixtas fue arrestado por agentes vestidos de civil, presuntamente golpeado y trasladado en un vehículo sin identificación. Antes de su detención, el propio Martín Gutiérrez había desmentido cualquier tipo de inestabilidad emocional o consumo de sustancias en un video difundido en redes sociales. \»Yo no meto nada hace años en mi cuerpo. Como pueden ver estoy muy bien mentalmente, físicamente y espiritualmente\», afirmó el luchador, desmantelando por adelantado la estrategia mediática del gobierno cubano.
Patologización del disenso en medio de la crisis estructural
El intento de patologizar el disenso no es una práctica aislada, sino una táctica recurrente del régimen de La Habana para silenciar a quienes alzan la voz. La protesta del \»Spiderman de Cuba\» se enmarca en un contexto de profundo malestar social, marcado por apagones prolongados, escasez crónica de alimentos y una inflación galopante que asfixia a la población. Al reducir su exigencia de derechos a un problema de salud, el ejecutivo cubano busca deslegitimar el creciente reclamo ciudadano y evadir su responsabilidad en el colapso sistémico de la isla.
El caso del deportista pone en evidencia, una vez más, la doble moral de las autoridades frente a la comunidad internacional. Este episodio de represión ocurre apenas días después de que Miguel Díaz-Canel negara en una entrevista con NBC News la existencia de presos políticos en el país y afirmara que las personas pueden manifestarse \»a diario\» sin ir a prisión. Mientras la dictadura cubana utilice la psiquiatría como herramienta de control social y mantenga a los disidentes en centros como Villa Marista bajo la excusa de la salud, la exigencia de libertades democráticas y la presión internacional sobre los abusos a los derechos humanos en Cuba continuarán en aumento.