Cientos de miembros del exilio cubano, líderes religiosos y activistas se congregaron en el anfiteatro FPL Solar de Miami para participar en el acto \»Salvar a Cuba\», una jornada impulsada por la Asamblea de la Resistencia Cubana (ARC) que combinó la manifestación cívica, la oración y la cultura para respaldar a los opositores que enfrentan la represión dentro de la isla.
Durante la jornada, que contó con la presencia de representantes políticos locales y figuras del activismo, los organizadores subrayaron la necesidad de enviar un mensaje de solidaridad a quienes permanecen en el país oponiéndose al régimen de La Habana. Orlando Gutiérrez-Boronat, secretario general de la ARC, reiteró la demanda de \»libertad primero\» y urgió a la comunidad internacional a respaldar una salida democrática a la profunda crisis que atraviesa la nación. Por su parte, el analista político Luis Zúñiga calificó la movilización como un respaldo global del exilio hacia el pueblo cubano que resiste las políticas represivas del Estado.
El componente religioso del evento sirvió para dirigir oraciones colectivas en favor de los presos políticos y las familias afectadas por el colapso sistémico de la isla. El sacerdote Alberto Gutiérrez, uno de los oradores, lamentó el prolongado sufrimiento del pueblo cubano y advirtió que el espacio para el diálogo con el poder se ha agotado. En su intervención, señaló que la dictadura cubana no tiene voluntad de diálogo, sino que su objetivo es perpetuar la represión y mantener el control mediante el encarcelamiento de disidentes, abogando por un cambio radical hacia una nación sin comunismo.
Respaldo institucional y contexto de crisis
El acto recibió el respaldo de diversas autoridades de la ciudad de Miami, incluyendo a la alcaldesa Eileen Higgins y varios comisionados como Vicky López, quien enfatizó que el silencio ante la injusticia es complicidad y ratificó el apoyo al pueblo cubano. La convocatoria refleja la creciente preocupación del exilio ante la agudización de la crisis estructural en Cuba. El país atraviesa una espiral de hiperinflación, apagones energéticos crónicos y un desabastecimiento generalizado, escenarios que han detonado un éxodo migratorio sin precedentes y han intensificado las políticas de control y vigilancia social implementadas por las autoridades de la isla contra cualquier forma de disidencia.
La presencia de figuras como el líder de la UNPACU, José Daniel Ferrer, y el activista Alexander Otaola reforzó el llamado a la unidad de propósito entre la diáspora y los cubanos dentro del territorio nacional. Las implicaciones de esta movilización trascienden el ámbito local de Miami, posicionando nuevamente la exigencia de un cambio democrático en la agenda internacional. Ante la inminente profundización de las crisis económicas y sociales en la isla, la presión cívica del exilio busca sostener el foco mediático y político sobre las violaciones de derechos humanos, condicionando cualquier acercamiento diplomático al respeto irrestricto de las libertades fundamentales en Cuba.