La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aseguró que su gobierno ejecuta acciones diplomáticas para recuperar el suministro de crudo a la isla, en medio de la orden ejecutiva de Estados Unidos que impone aranceles a los países que comercien con el régimen de La Habana. La mandataria defendió la soberanía de su decisión y criticó las medidas estadounidenses, argumentando que afectan directamente a la población civil.
Durante su conferencia de prensa matutina, la mandataria mexicana calificó las sanciones de \»muy injustas\» y reiteró el compromiso de su administración con el envío de ayuda humanitaria, principalmente alimentos. La postura de México se da en respuesta a la reciente orden ejecutiva firmada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien declaró una \»emergencia nacional\» respecto a Cuba y estableció un sistema arancelario contra las naciones que suministren combustible a la isla, ya sea de forma directa o indirecta.
La medida de Washington coloca al ejecutivo mexicano en una encrucijada geopolítica y comercial. Datos de la consultora Kpler, citados por Financial Times, indican que en 2025 México se consolidó como el principal proveedor de crudo para el gobierno cubano, abarcando cerca del 44% de sus importaciones. Aunque el gobierno de Sheinbaum reconoció una pausa \»temporal\» en los envíos y defendió que no fue dictada por Washington, la presión estadounidense coincide con la inminente revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), un escenario donde las concesiones bilaterales son estratégicas.
El colapso energético y la dependencia externa de la isla
La urgencia del régimen de La Habana por asegurar el combustible responde a la profunda crisis estructural que atraviesa la isla. La falta de divisas, el abandono de la infraestructura energética y la ineficiencia del modelo económico centralizado han provocado apagones prolongados que paralizan hospitales, escuelas y la ya mermada producción nacional. Esta escasez crónica de combustible es uno de los catalizadores del éxodo migratorio masivo y del descontento social, presiones que la dictadura cubana intenta mitigar a través de la dependencia de aliados como México, sin abordar las causas internas del colapso.
Las próximas semanas serán decisivas para definir el rumbo de las relaciones triangulares entre Washington, Ciudad de México y La Habana. Mientras las autoridades de la isla dependen del apoyo externo para sostener un sistema en franco deterioro, la comunidad internacional observa cómo el gobierno mexicano equilibra su retórica de solidaridad histórica con los riesgos económicos de desafiar la política exterior estadounidense. El desenlace de esta tensión no solo impactará el flujo de hidrocarburos, sino que también sentará precedentes sobre la eficacia de las sanciones como herramienta de presión contra la dictadura cubana.