La Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, principal bloque de generación de la isla, salió del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) para someterse a reparaciones correctivas de urgencia. La desconexión, que se extenderá entre 72 y 96 horas, profundiza el severo déficit energético que mantiene a Cuba bajo apagones continuos de hasta 24 horas, con una afectación máxima que superó los 1.800 megavatios (MW).
El régimen de La Habana ha reconocido a través del periódico oficialista Girón que la parada de la planta matancera responde a averías asociadas a un sobreconsumo de agua. El director técnico de la instalación, Román Pérez Castañeda, detalló que los trabajos se concentran en corregir pérdidas en el recalentador de la caldera y en el lavado de los calentadores de aire regenerativo (CAR). La expectativa de las autoridades de la isla es que, tras este mantenimiento, la unidad eleve su capacidad de generación de los actuales 180 MW a un rango de 220 a 240 MW.
La salida de la Guiteras del SEN no es un evento aislado, sino el detonante de una nueva jornada de oscuranía. La Unión Eléctrica (UNE) informó que en las últimas jornadas la afectación del servicio ha sido ininterrumpida durante 24 horas, registrando un déficit máximo de 1.832 MW. Esta cifra se suma a los reportes de días anteriores, donde el déficit alcanzó los 1.945 MW y los 2.005 MW, evidenciando una crisis de capacidad que el gobierno cubano ha sido incapaz de revertir.
El deterioro de la infraestructura y su impacto social
La inestabilidad de la termoeléctrica Guiteras es un síntoma del profundo deterioro de la infraestructura nacional, producto de décadas de falta de inversión, mala planificación y el agotamiento del modelo económico centralizado impulsado por el ejecutivo cubano. Las constantes desconexiones por averías —como las registradas a mediados y finales del año pasado— evidencian que las soluciones aplicadas son meros parches temporales sobre una maquinaria obsoleta. Este colapso de los servicios públicos se entrelaza con la inflación galopante, el desabastecimiento de alimentos y la incapacidad de la red para bombear agua, empujando a miles de cubanos a optar por el éxodo migratorio como única vía de escape ante la falta de perspectivas.
Con el principal bloque generador fuera de línea y el resto de las limitaciones térmicas y operativas que padece el sistema, la ciudadanía se prepara para soportar nuevos cortes de electricidad en el horario de mayor consumo. La incapacidad del régimen para garantizar el servicio eléctrico, una necesidad básica para el desarrollo de cualquier sociedad, no solo paraliza la ya mermada actividad económica, sino que profundiza el descontento social. Mientras la dictadura cubana prioriza el control político y la represión sobre la implementación de soluciones estructurales reales, la población continúa pagando el costo más alto de una crisis que parece no tener fondo a corto plazo.