El manifestante del 11J Walfrido Rodríguez Piloto fue trasladado al centro penitenciario de máxima severidad conocido como El Pitirre, en La Habana, tras protagonizar una huelga de hambre en protesta por los abusos y torturas sufridas en su anterior celda. El activista, condenado a una década de cárcel por exigir libertades y derechos básicos, denuncia el deterioro de su salud y las condiciones inhumanas del nuevo penal bajo el control de la dictadura cubana.
El traslado se produjo tras siete días de inanición iniciados el pasado diciembre, motivados por los constantes maltratos físicos y psicológicos infligidos por el capitán Sandy Gómez Miller, jefe de Orden Interior de la prisión Ivanov. Según relató el propio Rodríguez Piloto, el oficial lo sometía a golpes, humillaciones, lo dejaba desnudo durante épocas de bajas temperaturas y le suspendía arbitrariamente las visitas conyugales y familiares. Esta no es la primera vez que las autoridades de la isla utilizan el traslado carcelario como método de represalia contra el activista por sus posturas de rebeldía.
La protesta le provocó severos daños en su salud, diagnosticándosele un soplo en el corazón tras ser ingresado de urgencia en el Hospital Docente Salvador Allende, donde pasó por terapia intensiva. A sus 58 años, el prisionero padece de asma crónica, hipertensión, úlcera y dermatitis. Sin embargo, en la prisión 15-80, el régimen de La Habana le ha negado el acceso a su historia clínica y no le ha suministrado la medicación necesaria, agravando su precario estado físico.
Condiciones infrahumanas y aislamiento familiar
Las condiciones en el nuevo centro penitenciario representan una violación flagrante de los derechos humanos. Rodríguez Piloto describió la alimentación como insuficiente y de pésima calidad, compuesta por una pasta de harina similar a mezcla de construcción y caldos sin nutrientes. A esto se suma una grave infestación de chinches y el consumo de agua en mal estado que le ha provocado diarreas persistentes. Además, lleva más de tres meses incomunicado, sin recibir visitas familiares ni autorización para realizar llamadas telefónicas.
El caso de Rodríguez Piloto ilustra la maquinaria represiva y el sistema de tortura institucionalizado implementado por la dictadura cubana para silenciar el disenso. El activista reveló que la prisión Ivanov fue desalojada preventivamente, dejando solo a reclusos de mínima severidad, en previsión de nuevas detenciones masivas ante un eventual estallido social similar al del 11 de julio de 2021. Esta estrategia evidencia el temor del gobierno cubano a un nuevo levantamiento popular en medio de la profunda crisis económica, el desabastecimiento y el colapso de los servicios públicos que azota a la isla.
Condenado a 10 años de privación de libertad por los delitos de desórdenes públicos y desacato, Walfrido Rodríguez Piloto reiteró su exigencia de liberación inmediata e incondicional. Su situación pone de relieve la urgencia de que la comunidad internacional y los organismos de derechos humanos presionen al ejecutivo cubano para el cese de la represión carcelaria y la liberación de los cientos de presos políticos que permanecen encarcelados por manifestar pacíficamente en las calles.