La cotización del dólar en el mercado informal cubano ha superado la barrera de los 500 pesos, evidenciando el rotundo fracaso de la denominada \»tasa flotante\» implementada por el gobierno cubano. La medida, que prometía estabilizar la economía nacional, no ha logrado detener la caída libre de la moneda ni recuperar la confianza ciudadana en el sistema bancario de la isla.
Antes de la puesta en marcha de este esquema cambiario, las autoridades de la isla desplegaron operativos policiales y campañas mediáticas destinadas a culpar a supuestos \»financieros\» del mercado negro por la depreciación del peso cubano. Sin embargo, estas acciones resultaron ser estrategias coyunturales que apenas lograron un efecto temporal en el ánimo de la población. La realidad económica ha impuesto su curso, demostrando que la inflación galopante y la falta de respaldo a la moneda nacional son problemas que no se resuelven con decomisos ni con discursos televisivos de reprensión al sector privado.
Distracción geopolítica y colapso interno
El ejecutivo cubano enfrenta actualmente un escenario de creciente complejidad internacional, particularmente debido a la incertidumbre política en Venezuela. La atención de La Habana está volcada en la supervivencia del chavismo y las recientes movidas diplomáticas en Caracas, lo que ha restado capacidad de gestión frente a la profunda crisis interna. Esta distracción geopolítica ocurre en medio de un deterioro acelerado del poder adquisitivo del ciudadano común, que ve cómo sus ingresos se evaporan frente a un mercado de bienes y servicios dominado por el dólar.
El colapso de la política cambiaria es un síntoma más de la crisis sistémica que atraviesa la nación. La devaluación constante del peso cubano está directamente vinculada a la falta de productividad nacional, el desabastecimiento crónico de bienes básicos y la incapacidad del régimen de La Habana para generar fuentes de ingreso estables que no dependan del turismo en declive o del envío de remesas. La ciudadanía se ve obligada a operar en una economía dual de facto, donde la moneda de curso legal carece de valor real para las transacciones significativas.
Para revertir la espiral inflacionaria y el descrédito de sus instituciones financieras, Cuba requeriría una reforma económica profunda que, inevitablemente, exige una apertura política y el fin del control vertical del Estado. Mientras la dictadura cubana continúe priorizando el control ideológico y la represión sobre las medidas estructurales necesarias, el peso cubano seguirá depreciándose y la dependencia del dólar se consolidará como la única vía de supervivencia para millones de personas en la isla.