La economía cubana se encuentra al borde de un \»gran colapso\» debido a su extrema dependencia de los envíos de crudo desde Venezuela, según advirtió Jorge Piñón, investigador del Instituto de Energía de la Universidad de Texas. El experto señaló que la falta de liquidez del gobierno cubano impide buscar alternativas en el mercado internacional, lo que deja a la isla en una situación de vulnerabilidad crítica frente a cualquier alteración en los acuerdos energéticos con Caracas.
En declaraciones recientes, Piñón detalló que Cuba recibe actualmente entre 32.000 y 35.000 barriles diarios de petróleo venezolano, un volumen que cubre casi el 50% del déficit energético de la isla. Esta dependencia se ha agudizado tras la drástica reducción de los envíos desde México, que cayeron de 22.000 a apenas 7.000 barriles diarios. El especialista enfatizó que las autoridades de la isla carecen de margen de maniobra ante la bancarrota financiera que les impide adquirir diésel o gas licuado en mercados internacionales europeos o de otra índole.
A pesar de las tensiones geopolíticas, Piñón considera probable que Washington y Caracas mantengan un acuerdo temporal para sostener el flujo de crudo hacia Cuba y evitar un desplome abrupto. En el panorama venezolano, la única empresa con licencia vigente bajo el régimen de sanciones de Estados Unidos es Chevron, operando bajo un esquema de participación del 40% para la transnacional y 60% para PDVSA. Sin embargo, el investigador advirtió que la recuperación plena de la industria petrolera venezolana requerirá entre tres y cinco años, así como miles de millones de dólares en inversiones, en medio de la incertidumbre jurídica y la creciente presencia de intereses rusos y chicos en el país sudamericano.
El riesgo de un estallido social ante la ineficiencia estatal
El déficit estructural de combustibles no es un fenómeno aislado, sino el reflejo de la profunda crisis sistémica que atraviesa la isla, marcada por la hiperinflación, el desabastecimiento crónico y el colapso de los servicios públicos. Piñón vinculó directamente este escenario energético con el riesgo de un estallido social, recordando las protestas masivas del 11 de julio de 2021. La dictadura cubana, consciente de la presión social acumulada por el cansancio ciudadano, sabe que la escasez de combustibles podría ser el detonante para nuevas movilizaciones que desafíen el control represivo del Estado.
Ante la ausencia de un proveedor alternativo con la capacidad y voluntad política de sustituir el apoyo venezolano, el futuro inmediato de la nación se presenta sombrío. \»No veo quién puede venir y salvar a Cuba de una situación como esta si pierde el suministro venezolano\», concluyó el analista. Mientras el ejecutivo cubano mantenga su ineficiencia productiva y su incapacidad para generar riqueza, la supervivencia del sistema dependerá de la benevolencia de aliados externos, dejando a la población civil como la principal víctima de una crisis que amenaza con empujar a la isla hacia el abismo económico y social.