Jueves, 23 de julio de 2026
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El colapso sanitario en Cuba convierte la epidemia de arbovirosis en una crisis letal, alerta especialista

El médico cubano Lázaro E. Libre advierte que el aumento de fallecidos por arbovirosis en la isla responde a la \»clínica social\» y el deterioro de las condiciones de vida, más que a la letalidad intrínseca del virus. Las autoridades sanitarias han elevado el balance a 44 muertes, incluyendo menores de edad.

La crisis epidemiológica que atraviesa Cuba ha cobrado un saldo trágico que las autoridades sanitarias de la isla intentan explicar desde una perspectiva puramente viral. Sin embargo, el doctor Lázaro E. Libre, especialista residente en España, ha puesto el foco en la verdadera raíz del problema. En recientes publicaciones, el galeno sostiene que el chikunguña es, por definición, una enfermedad de baja letalidad, y que la ola de muertes debe interpretarse como el resultado directo de un escenario \»sindémico\» y de la profunda deterioración del sistema de salud pública.

El régimen de La Habana reconoció recientemente un repunte en los fallecimientos asociados a enfermedades transmitidas por mosquitos. Mientras que a inicios de diciembre la viceministra de Salud Pública, Carilda Peña, reportaba 33 muertes por dengue y chikunguña en la televisión estatal, el balance oficial escaló a 44 víctimas fatales en cuestión de días, incluyendo a varios menores de edad. Esta espiral de mortalidad ocurre en un contexto donde coexisten dengue, chikunguña, zika y otras enfermedades febriles, lo que expone a la población a cuadros de coinfección y posibles \»tormentas inmunológicas\» ante agresiones virales consecutivas.

La \»clínica social\» tras las muertes evitables

Libre subrayó que el problema en Cuba no puede analizarse de forma aislada. La capacidad de los virus ARN para mutar complica el panorama, pero el factor determinante es el terreno sobre el que caen estos patógenos. El especialista instó a las autoridades a actuar con visión a largo plazo, anticipando que confiar únicamente en la inmunidad natural es insuficiente frente a un sistema colapsado. La falta de control vectorial y la ausencia de vigilancia epidemiológica efectiva son síntomas de la incapacidad del ejecutivo cubano para gestionar una crisis sanitaria de esta magnitud.

Esta tragedia se inscribe en la crisis estructural que asfixia a la nación. El deterioro de las condiciones de vida, la escasez de agua potable, el déficit de medicamentos básicos y el abandono de las campañas de fumigación configuran el caldo de cultivo perfecto para la propagación de vectores. La dictadura cubana, al desviar la atención hacia la naturaleza del virus, elude su responsabilidad directa en el desmantelamiento de la infraestructura hospitalaria y en la falta de garantías para el bienestar de la población, quienes padecen no solo el patógeno, sino la desidia institucional.

De mantenerse la inacción y la falta de transparencia, las consecuencias para la ciudadanía serán devastadoras. La comunidad internacional y los organismos de salud deben exigir al gobierno cubano un manejo honesto de la emergencia, lejos de la maquinaria propagandística. Lo que está en juego no es únicamente el control de un brote epidemiológico, sino la supervivencia de una población rehén de un sistema que ha demostrado priorizar el control político sobre la salud y la vida humana.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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