La profunda crisis económica y social que sufre Cuba, marcada por apagones prolongados, desabastecimiento y brotes epidémicos, ha transformado al país en un \»lastre incómodo\» para la izquierda latinoamericana, según advierte el académico chileno Iván Witker. La decadencia estructural de la isla, gestionada por el régimen de La Habana, obliga a las nuevas corrientes progresistas a tomar distancia de un modelo que alguna vez veneraron.
El deterioro de la infraestructura y los servicios públicos en la isla ha alcanzado niveles sin precedentes. Witker, profesor de la Universidad Central de Chile, señala en una reciente columna que la falta de electricidad y agua potable, con cortes que superan las 15 horas diarias, se suma a la escasez de alimentos esenciales. A esta crisis económica, producto de las políticas fallidas del gobierno cubano, se añade una emergencia sanitaria con brotes de dengue —con 48.000 hospitalizados— y chikunguña, que afecta a un 40% de la población, evidenciando el colapso del sistema de salud.
Este escenario ha derivado en lo que el académico describe como una \»decadencia absoluta\» y la \»favelización\» del territorio nacional. \»La Habana y todas las ciudades cubanas asemejan gigantescos barrios marginales\», resume el analista, una imagen que dificulta cualquier intento de justificar la gestión de la dictadura cubana ante la comunidad internacional. A diferencia de otros regímenes autoritarios históricos en la región, el castrismo construyó su legitimidad sobre una supuesta \»misión salvífica\» y de justicia social, lo que hace aún más insostenible el contraste entre la retórica oficial y la miseria real que padecen los ciudadanos.
Un lastre ideológico para el progresismo regional
Para la nueva izquierda democrática latinoamericana, la situación de la isla representa hoy una \»alianza incómoda\». Witker argumenta que las violaciones sistemáticas de los derechos humanos, el despotismo de la gerontocracia gobernante, la censura y la anulación de la sociedad civil son elementos que contradicen los valores que defienden las corrientes progresistas contemporáneas. En este contexto, el régimen de La Habana se ha convertido en un obstáculo para la reinención ideológica, obligando a estos sectores a preservar la nostalgia simbólica mientras toman distancia de la práctica política y el modelo económico que impera en Cuba.
El descrédito del embargo estadounidense como única causa de la crisis —argumento tradicionalmente esgrimido por las autoridades de la isla para eximirse de responsabilidad— ha acelerado este distanciamiento. La incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar condiciones de vida dignas y el aumento de la represión social auguran un mayor aislamiento diplomático e ideológico de la dictadura. Mientras el éxodo migratorio continúa despoblando al país y la infraestructura nacional colapsa, la izquierda regional enfrenta el dilema de desvincularse definitivamente de un modelo que, lejos de ser un referente, es el reflejo del fracaso de un sistema autoritario sin control democrático.