PARÍS — La Galería de Apolo del Museo del Louvre fue escenario de un audaz asalto donde ladrones sustrajeron un valioso conjunto de joyas, valorado en 88 millones de euros. Entre las piezas afectadas se encuentra la corona de la emperatriz Eugenia de Montijo, una joya histórica que ingresó a la institución francesa en 1988 gracias a la donación del coleccionista de origen cubano Roberto Polo. Aunque la corona fue recuperada tras caer durante la huida de los delincuentes, el Ministerio de Cultura galo confirmó que presenta daños significativos.
El incidente ocurrió cuando cuatro individuos accedieron al recinto a través de una ventana y forzaron las vitrinas utilizando herramientas mecánicas. De acuerdo con los registros de INTERPOL, ocho objetos permanecen desaparecidos y ya figuran en su base de datos internacional de obras robadas. La Fiscalía de París ha subrayado que, si bien el valor económico del botín asciende a casi 90 millones de euros, el valor histórico de las piezas, entre ellas la corona imperial, es completamente inestimable para el patrimonio francés.
La corona de Eugenia de Montijo, elaborada en oro con 1.354 diamantes, 1.136 tallas tipo \»rosa\» y 56 esmeraldas por el joyero Alexandre-Gabriel Lemonnier en 1855, es la única de un monarca francés que conserva todas sus piedras originales. Tras ser subastada en 1988, fue adquirida por Roberto Polo y su entonces esposa, quienes decidieron ofrecerla al Louvre. La Fundación Napoleón y los propios archivos del museo parisino corroboran esta donación, que también incluyó un jarrón de la manufactura de Sèvres y la pintura \»La adoración de los pastores\», de Jean-Honoré Fragonard.
El legado cultural desde el exilio
Nacido en La Habana en 1951, Polo es artista, mecenas y coleccionista, una figura que consolidó su trayectoria en el circuito internacional del arte tras establecerse fuera de la isla. Su capacidad para rescatar y donar piezas de relevancia mundial contrasta profundamente con la realidad cultural que impone el régimen de La Habana. Mientras el gobierno cubano asiste al progresivo deterioro de su propio patrimonio institucional y museístico —agravado por la crisis económica, la falta de inversión y la ineficiencia burocrática—, los cubanos en el exilio continúan enriqueciendo y preservando el acervo cultural a nivel global.
El asalto al Louvre no solo representa un golpe para la seguridad de uno de los museos más visitados del mundo, sino que pone de relieve el impacto del mecenazgo de la diáspora cubana en la historia universal. La investigación penal continúa en manos de unidades especializadas francesas, en medio de la incertidumbre sobre el paradero de las ocho joyas restantes. Para la comunidad internacional y los amantes del arte, el daño sufrido por la corona donada por Polo es un recordatorio de la fragilidad del patrimonio histórico frente a la criminalidad, y de cómo el legado de ciudadanos cubanos en el exterior sigue marcando una diferencia tangible en la preservación de la memoria global.