El gobierno cubano ha rebasado ampliamente sus propias proyecciones de establecimientos comerciales en divisas, pasando de 85 a 209 tiendas en apenas cinco meses. Esta expansión contradice las promesas oficiales de limitar estos locales a un 7% del total y profundiza la exclusión económica de la población que depende de salarios en pesos cubanos.
Según un recuento reciente realizado por medios independientes, la isla cuenta actualmente con 209 establecimientos que operan exclusivamente en dólares, además de más de 60 gasolineras con la misma modalidad. Esta cifra representa un incremento del 146% desde mayo, cuando se contabilizaban 85 locales. El aumento desmiente directamente las declaraciones emitidas en enero por representantes de las cadenas estatales Caribe y CIMEX, quienes aseguraron que estos comercios no superarían el 7% del total, equivalente a unos 130 mercados. Para marzo, las autoridades de la isla ya habían rectificado, anunciando más de 200 tiendas, una meta que hoy ha sido superada por el ejecutivo cubano.
Para el Observatorio de Monedas y Finanzas (OMFi), esta proliferación de comercios dolarizados es un síntoma directo de la acelerada devaluación del peso cubano y la pérdida de control monetario por parte del gobierno. Cuando el dólar superó la barrera de los 400 CUP en el mercado informal, el observatorio advirtió que el encarecimiento de las divisas y la reducción de espacios para adquirir bienes básicos presionarían aún más a la baja a la moneda nacional. El economista Pável Vidal Alejandro, investigador principal del OMFi, señala que la caída en el interés por poseer moneda libremente convertible (MLC) o pesos cubanos disminuye su demanda en el mercado cambiario, acelerando la depreciación de la moneda nacional.
Dolarización encubierta y exclusión social
La transición hacia este esquema dolarizado se ejecuta con frecuencia de manera abrupta. Establecimientos de gran tamaño en La Habana y las capitales provinciales cierran sin previo aviso para reapertura con precios en dólares, manteniendo en ocasiones los mismos productos que antes se vendían en MLC. El pago en estos puntos está restringido a dólares en efectivo o tarjetas bancarias específicas, dejando en total desamparo a la inmensa mayoría de la ciudadanía, cuyos ingresos dependen exclusivamente de salarios en moneda nacional. Esta dinámica restringe severamente el acceso a bienes de primera necesidad para las familias cubanas.
Aunque el régimen de La Habana suele atribuir el alza de los precios y el colapso monetario a factores externos, la evidencia demuestra que la política económica interna es la principal responsable de la fractura social. La ampliación forzosa de los mercados dolarizados, en detrimento de las opciones en pesos, es una medida de supervivencia del Estado que estrangula la capacidad adquisitiva del cubano promedio. A futuro, esta dolarización asimétrica no solo perpetuará la inflación y el desabastecimiento, sino que seguirá alimentando el descontento social y el éxodo migratorio, ante la imposibilidad de la población para sostener un nivel de vida básico bajo el control absoluto de la dictadura cubana sobre el comercio y las finanzas.