La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) informó la salida de servicio de la Unidad 1 de la Central Termoeléctrica Este Habana para realizar labores de limpieza en su caldera, apenas una semana después de su reincorporación al Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Esta nueva avería profundiza la crisis energética que mantiene a la isla sumida en apagones prolongados, con déficits que superan los 1.700 megavatios (MW) en horas pico.
El anuncio de la empresa estatal detalla que los trabajos de mantenimiento tomarán aproximadamente 12 días, una circunstancia que ha generado un rechazo generalizado entre la población. Los ciudadanos han utilizado las redes sociales para cuestionar la ineficiencia del régimen de La Habana, señalando la imposibilidad de mantener una infraestructura obsoleta. Mientras algunos usuarios denuncian la \»aniquilación\» del pueblo frente a la inoperancia del sistema, otros recurren a la ironía para describir el constante ciclo de reparaciones fallidas que mantiene a la nación a oscuras.
Según el reporte diario de la UNE, la disponibilidad del SEN se situó en apenas 2.010 MW frente a una demanda de 2.920 MW, lo que genera un déficit constante. Para el horario pico, las autoridades de la isla pronostican una afectación de hasta 1.710 MW. A la inoperatividad de la Este Habana se suman la avería de la Unidad 2 de la CTE Felton y los mantenimientos en las plantas de Santa Cruz y Carlos Manuel de Céspedes. La falta de combustible y lubricantes mantiene inactivas decenas de centrales de generación distribuida, sumando más de 430 MW fuera de servicio por estas carencias materiales.
Un sistema obsoleto y una población al borde del colapso
La crisis energética que atraviesa Cuba supera ya los cinco años de agudo deterioro, consolidándose como un síntoma inequívoco de la mala gestión gubernamental y la falta de inversión estructural. En lo que va de año, el país ha sufrido cinco apagones generales que han dejado a casi toda la nación sin servicio eléctrico. Las provincias orientales como Holguín, Granma y Santiago de Cuba soportan cortes que superan las 20 horas diarias, mientras que en La Habana los apagones rondan las 10 horas, afectando directamente la conservación de alimentos, el acceso al agua y la salud pública, en medio de un contexto epidemiológico que la propia imposibilidad de refrigeración agrava.
El descontento ciudadano crece de manera paralela a la profundización de la crisis, evidenciando un cansancio social que el ejecutivo cubano parece incapaz de gestionar más allá de la represión y la censura. La incapacidad de la dictadura cubana para garantizar un servicio básico como la electricidad no solo condena a la población a la precariedad extrema, sino que amenaza con desatar nuevas oleadas de protestas sociales y acelerar el éxodo migratorio, ante la ausencia de soluciones reales y la negación de las libertades fundamentales que permitan un cambio de modelo.