El periodista del oficialismo cubano Yoandris Cedeño Fonseca fue expulsado del hotel Starfish Guardalavaca, en Holguín, a pesar de contar con una reservación pagada y confirmada. El incidente, denunciado por el propio reportero en medios estatales, evidencia el colapso operativo y la falta de profesionalidad que atraviesa la industria turística de la isla, principal fuente de ingresos para el régimen de La Habana.
El comunicador detalló que tras sortear la crítica situación del transporte en la isla, llegó a la instalación con una reserva a su nombre gestionada y cobrada por la agencia de viajes Havanatur. Sin embargo, el personal de recepción le informó que no había disponibilidad de habitaciones. Ante la exigencia del reportero de que se respetara el contrato o se le reubicara en un hotel de categoría superior —costeando la diferencia la instalación incumplidora—, la empleada del Starfish se mantuvo en su postura, negándose a ofrecer soluciones o siquiera una disculpa.
La situación solo se resolvió pasadas las 10:00 p.m., tras una intervención directa con el representante nacional de Havanatur, quien llamó al hotel para obligar a la comercial a cumplir con la reservación. Cedeño Fonseca denunció la falta de empatía y el trato inapropiado, advirtiendo que este nivel de incompetencia burocrática hace inviable el \»ansiado retorno\» de los turistas que aspira el gobierno cubano para reactivar su maltrecha economía.
Desplome turístico y deterioro de la imagen internacional
El incidente no es un caso aislado, sino el reflejo del profundo deterioro estructural del sector. Según cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), Cuba recibió apenas 1.123.987 visitantes internacionales entre enero y julio de 2025, lo que representa una caída del 23,2 % en comparación con el año anterior. Esta pérdida de 338.922 turistas hace inalcanzable la meta oficial de 2,6 millones de visitantes, evidenciando el fracaso de las estrategias del ejecutivo cubano. A esta crisis se suma la creciente insatisfacción de mercados aliados; el medio ruso Prozder publicó recientemente una crónica criticando los viajes a la isla por el engaño de la categoría \»cinco estrellas\», la mala calidad de la comida, la ropa de cama sucia y la exigencia de pagos adicionales para garantizar una limpieza básica.
La expulsión de un periodista afín a las autoridades de la isla por parte de un sistema hotelero estatal ilustra la desconexión y el caos administrativo que impera en la cúpula del poder. La incapacidad del régimen de La Habana para garantizar servicios básicos en su principal vitrina económica no solo ahuyenta a la inversión y al turismo internacional, sino que profundiza la asfixia financiera de la nación. Mientras la burocracia opera sin rendición de cuentas, la ciudadanía y el aparato productivo continúan soportando las graves consecuencias de un modelo económico en franco colapso.