El ministro del Interior de Cuba, Lázaro Alberto Álvarez Casas, se reunió en Pekín con su homólogo chino, Wang Xiaohong, para consolidar la cooperación en aplicación de la ley y seguridad. El encuentro, reportado por la agencia estatal Xinhua pero omitido por la prensa oficial de la isla, profundiza el eje de control político y represión que ambos gobiernos han venido tejiendo en los últimos años.
Durante el encuentro, Wang Xiaohong —también miembro del Secretariado del Comité Central del Partido Comunista de China— ratificó la disposición de Pekín para profundizar el mecanismo de reunión ministerial y el desarrollo de capacidades en la aplicación de la ley. Por su parte, Álvarez Casas, miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, expresó la voluntad de las autoridades de la isla de mejorar la coordinación con China para abordar supuestos riesgos y desafíos de seguridad, un eufemismo que en la práctica se traduce en el perfeccionamiento del aparato de vigilancia estatal.
Una alianza enfocada en el control interno y la inteligencia
Este nuevo capítulo de colaboración policial no es un hecho aislado. A finales de 2024, el propio Wang Xiaohong fue recibido en La Habana por Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel, quienes agradecieron el apoyo chino en ciberseguridad y en el \»enfrentamiento a políticas de subversión\». La dictadura cubana ha encontrado en la tecnología de empresas como Huawei, ZTE y TP-Link no solo infraestructura de telecomunicaciones, sino herramientas fundamentales para la censura y el espionaje a la ciudadanía. Imágenes satelitales difundidas por The Wall Street Journal han evidenciado avances en estaciones de escucha electrónica en localidades como Bejucal, Wajay y Santiago de Cuba, instalaciones que el ejecutivo cubano se ha negado a reconocer.
La profundización de estos vínculos ha encendido las alarmas en Washington. El jefe del Comando Sur de Estados Unidos, almirante Alvin Holsey, advirtió en febrero que el gobierno cubano mantiene una estrecha relación con China, Rusia e Irán, jugando un papel clave en el aparato de inteligencia ruso en el hemisferio occidental. Holsey recordó que en 2023 se firmaron 19 acuerdos bilaterales entre La Habana y Pekín, incluyendo capacitación para el Ministerio del Interior, y alertó sobre la operación de instalaciones de recopilación de inteligencia electrónica en la isla, lo que representa una amenaza significativa para la seguridad nacional estadounidense.
Represión interna en medio del colapso sistémico
El reforzamiento de este aparato de seguridad se produce en un momento de profunda crisis estructural en la isla. Mientras la población enfrenta una inflación galopante, apagones prolongados, desabastecimiento crónico y un éxodo migratorio sin precedentes, el régimen de La Habana prioriza la importación de tecnología de control social y el entrenamiento de sus fuerzas represivas. La cooperación con Pekín se aleja de cualquier beneficio para el bienestar ciudadano y se enfoca casi exclusivamente en blindar el poder frente al creciente descontento social.
Hacia el futuro, esta alianza tecnológica y policial con China augura un endurecimiento de la represión y un cierre adicional del ya asfixiante espacio cívico cubano. La comunidad internacional, particularmente los países democráticos de la región, deberán monitorear de cerca cómo esta infraestructura de inteligencia compartida impacta no solo los derechos humanos dentro de Cuba, sino también la estabilidad geopolítica del continente americano frente al avance de potencias autoritarias.