La dictadura cubana detuvo este sábado al periodista independiente y activista Ángel Cuza durante un nuevo operativo represivo desplegado con motivo del aniversario del 26 de Julio. El comunicador, quien había sido excarcelado hace apenas dos meses, fue trasladado a la unidad del Vivac en La Habana, donde permanecerá incomunicado hasta este lunes, según confirmaron fuentes cercanas a su entorno.
La detención se produjo cuando Cuza intentaba realizar una visita dentro de la capital y fue interceptado por agentes de la Seguridad del Estado. Durante el registro, las autoridades encontraron en su poder una bala antigua que el activista conservaba como recuerdo, elemento que fue utilizado como pretexto para llevarlo a prisión, a pesar de no poseer ningún arma de fuego. La expareja de Cuza y madre de su hija, Ana Castillo, denunció que el arresto responde a una práctica habitual de acoso contra la disidencia en fechas emblemáticas para el régimen de La Habana.
Este nuevo encarcelamiento no es un hecho aislado, sino la materialización de las amenazas que pesaban sobre el comunicador desde su salida de la prisión de máxima seguridad Combinado del Este el pasado 3 de mayo. En el momento de su excarcelación, el oficial Pablo, segundo jefe de la Sección 21 de la Seguridad del Estado, le advirtió que regresaría a la celda \»a la mínima que hagas\». Asimismo, el agente le insinuó que abandonara la isla, una táctica recurrente de las fuerzas represivas para forzar el exilio de los opositores más firmes, propuesta a la que Cuza se negó rotundamente argumentando su frontalidad y compromiso con la realidad nacional.
Hostigamiento sistemático y criminalización de la protesta
El caso de Ángel Cuza ilustra el patrón de criminalización de la libertad de expresión en la isla. El activista había cumplido una sanción de un año y seis meses de prisión por el supuesto delito de \»alteración del orden público\», derivado de un altercado ocurrido en diciembre de 2022 mientras esperaba en una aglomeración para comprar alimentos. Esta dinámica de judicializar la necesidad y el descontento social se enmarca en el colapso estructural que atraviesa Cuba, marcado por la escasez crónica, la inflación galopante y el desabastecimiento, escenarios que empujan a la ciudadanía a las calles y a las autoridades a responder con arrestos arbitrarios.
Antes de su encarcelamiento en 2023, Cuza fue objeto de al menos diez detenciones arbitrarias y ocho operativos de vigilancia por su labor de reporteo independiente. Su reclusión reciente evidencia que la dictadura cubana no solo busca silenciar las voces críticas, sino extinguirlas mediante la presión psicológica constante y el encarcelamiento preventivo. La persistencia de estas prácticas represivas augura un endurecimiento del control social en la isla, en medio de la falta de mecanismos democráticos y con graves implicaciones para el ejercicio de los derechos humanos fundamentales de los cubanos.