La investigadora cubana Elizabeth González Aznar dirigió una carta abierta al gobernante Miguel Díaz-Canel en la que cuestiona la vigencia del modelo socialista en la isla y denuncia la emisión de partes falsos sobre los apagones por parte de la Empresa Eléctrica de La Habana. La misiva, publicada en redes sociales, interpela directamente la narrativa oficial del régimen de La Habana, evidenciando una profunda fractura social en medio de la peor crisis energética del año.
En su texto, González Aznar, quien se define como una \»cubana revolucionaria de las de antes\», acusa a las autoridades energéticas de manipular la información sobre los cortes de electricidad. Señaló que la Empresa Eléctrica reporta circuitos apagados por déficit cuando, en realidad, llevan hasta 10 horas sin servicio. \»El pueblo lo está viendo, lo quiere denunciar pero no hay dónde\», escribió la investigadora, exponiendo la falta de canales institucionales para exigir transparencia al gobierno cubano.
La denuncia adquiere mayor relevancia al contrastarse con el discurso pronunciado por Díaz-Canel el 27 de junio, durante la clausura del XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC). En esa intervención, el ejecutivo cubano ratificó que las autoridades de la isla no se propondrían \»jamás la restauración del capitalismo en Cuba\» y aseguró que no renunciarían a la \»construcción socialista\», un proyecto que describió como destinado a \»generar riqueza y distribuirla con la mayor justicia social que se pueda lograr\».
Poco más de dos meses después de esas declaraciones, la realidad cotidiana desmiente el enunciado oficial. González Aznar replicó que nunca antes el país había tenido tantas diferencias sociales y económicas, calificando la situación actual como \»lo más parecido a las clases sociales del capitalismo\». Para la investigadora, la distribución de la electricidad es el termómetro real del sistema: \»Vemos entonces cómo nos dividen al pueblo, primero en bloques, ahora en circuitos. Unos apagan por más de 24 horas y otros que no apagan nunca\», argumentó en su publicación, acompañada de una infografía sobre las características del socialismo como vara de medir.
Opacidad en la distribución energética y quejas ciudadanas
El cambio de bloques a circuitos fue anunciado por la Empresa Eléctrica de La Habana el 10 de julio, justificando la medida por las emergencias tras la caída del Sistema Electroenergético Nacional (SEN). La empresa prometió que en sus plataformas digitales los ciudadanos encontrarían \»de forma organizada y clara toda la información sobre sus circuitos\». Sin embargo, el anuncio generó rechazo inmediato al no publicarse la relación de circuitos, ni métodos para que los vecinos identificaran los suyos o supieran cuáles eran priorizados y exentos de cortes.
La queja sobre la manipulación de los partes oficiales no es aislada. Vecinos del circuito A465 de Lawton, en el municipio Diez de Octubre, denunciaron el 30 de agosto que su circuito aparecía omitido de los reportes oficiales tras casi 48 horas sin servicio y un efímero restablecimiento de apenas tres horas. González Aznar profundizó en esta desigualdad, señalando que incluso dentro de los grupos afectados hay disparidades: a unos les restablecen el servicio por ocho horas, a otros por dos, y muchos sufren disparos automáticos por inestabilidad que la empresa \»soluciona\» desconectándolos, empatando un déficit con otro.
La carta fue publicada durante la peor semana del año para el servicio eléctrico. La Unión Eléctrica (UNE) pronosticó para el pico nocturno de este miércoles una disponibilidad de apenas 990 megavatios (MW) y una afectación que podría alcanzar los 2.290 MW. El martes, el servicio estuvo comprometido durante las 24 horas debido al déficit de capacidad, con un máximo de 2.292 MW a las 9:20 p.m. Estas cifras evidencian el colapso estructural del sector energético en la isla.
En el mismo espacio de información oficial, ciudadanos como una lectora de Trinidad identificada como Ester cuestionaron la priorización de ciertas zonas. \»Si ya se terminó oficialmente el verano, ¿hasta cuándo piensan seguir priorizando con electricidad a los circuitos de la playa?\», preguntó, acusando que desde el 1 de junio algunos circuitos soportaron más apagones para que \»los vacacionistas con recursos\» y funcionarios en villas estatales disfrutaran de servicios privilegiados. En las redes, usuarios como Idania Castillo Fabars rechazaron el llamado oficial a la resistencia: \»Ellos nos piden resistencia cuando es inhumano lo que se está viviendo… es demasiado el agotamiento diario\».
Antecedentes de una voz disidente desde el seno revolucionario
Esta no es la primera vez que González Aznar se dirige públicamente al mandatario cubano. El 28 de agosto le reclamó por conceder entrevistas a la prensa extranjera sin resolver la crisis alimentaria y los apagones, cuestionando \»dónde está la autocrítica del revolucionario\». El 11 de agosto ya había criticado su llamado a la resistencia. Su postura es significativa por su trayectoria y la de su familia. Es hija de Raúl González Hernández, doctor en ciencias y creador del Trofin, un suplemento nutricional registrado en los noventa, quien hoy sobrevive vendiendo café en un carrito en La Habana debido a que su pensión no le alcanza para vivir. Ella misma, también investigadora, abandonó su plaza en el Instituto Finlay y no logró reincorporarse a centros de BioCubaFarma.
El colapso energético como síntoma de la crisis estructural
La crisis eléctrica que González Aznar describe no es un evento coyuntural, sino la manifestación más visible del agotamiento del modelo económico cubano. La falta de mantenimiento de las termoeléctricas, la escasez crónica de combustible y la ausencia de inversiones en infraestructura han llevado al sistema a un punto de inflexión. Esta debacle energética se entrelaza con una inflación galopante, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y un desabastecimiento generalizado que obliga a la población a depender de mercados paralelos y remesas familiares.
La desigualdad en el acceso a servicios básicos, como la electricidad, profundiza la fractura social en la isla. Mientras un sector de la población, vinculado al Estado o con acceso a divisas, logra mitigar los efectos de los apagones mediante plantas eléctricas o paneles solares, la mayoría sufre las consecuencias directas: alimentos que se pudren por falta de refrigeración, interrupciones del suministro de agua y un deterioro en la calidad de vida que ha impulsado a cientos de miles de cubanos a abandonar el país en un éxodo migratorio sin precedentes.
A la crisis material se suma el endurecimiento del control social. La denuncia de la investigadora sobre la imposibilidad de los ciudadanos de reportar las irregularidades eléctricas refleja la censura y la represión sistemática que ejerce la dictadura cubana contra cualquier forma de exigencia ciudadana. Los espacios para la crítica están limitados a las redes sociales, donde la población intenta visibilizar una realidad que los medios oficiales ignoran o maquillan con partes técnicos que no se corresponden con la verdad.
Implicaciones y futuro de la crisis
La interpelación de una figura autodefinida como revolucionaria al núcleo del poder en Cuba marca un punto de inflexión en el desgaste del discurso oficial. La incapacidad del gobierno cubano para garantizar servicios básicos y la evidente desigualdad en su distribución socavan la legitimidad de un sistema que se erige sobre la promesa de justicia social. Mientras los apagones superen las 24 horas en los barrios populares y las autoridades eludan la autocrítica, la brecha entre la narrativa del poder y la realidad de la ciudadanía seguirá ampliando el descrédito institucional y alimentando la insatisfacción social en la isla.