La Empresa de Trenes Nacionales de Pasajeros de Cuba ha reducido su operación de 62 a solo 16 viajes mensuales, una contracción del 74% que evidencia el profundo deterioro del sector. El director general de la entidad, Jorge Oliva Yero, admitió el colapso del servicio durante el aniversario de la compañía, atribuyendo la crisis a la escasez de combustible y la obsolescencia de la infraestructura, en medio de la profunda crisis económica que sufre la isla.
El directivo reconoció que la drástica disminución de los servicios afecta de manera crítica a poblaciones del interior de la isla que dependen exclusivamente del ferrocarril para desplazarse, tales como Jobabo, Santa Lucía, Guáimaro o Río Cauto. En sus años de mayor actividad, la empresa estatal movilizaba entre 58.000 y 64.000 pasajeros al mes, alcanzando un volumen anual cercano a las 900.000 personas. Hoy, esas cifras se han desplomado como consecuencia directa del abandono del sistema ferroviario y la falta de inversión sostenida por parte del gobierno cubano.
El sector ferroviario atraviesa una combinación de deficiencias estructurales que incluye la escasez crónica de combustible, el envejecimiento de las vías, la ausencia de piezas de repuesto y décadas de mantenimiento deficiente. Esta situación limita severamente la disponibilidad de locomotoras y vagones. El deterioro del transporte público es un síntoma más de la crisis sistémica que enfrenta la nación, donde la inflación, el desabastecimiento y la falta de capacidad de gestión por parte del régimen de La Habana han colapsado los servicios básicos para la ciudadanía.
Medidas improvisadas y promesas que contrastan con la realidad
Ante la incapacidad para sostener el transporte de pasajeros, la empresa ha intentado diversificar sus fuentes de ingresos para financiar sus operaciones. Entre las estrategias figura la fabricación de componentes en sus talleres y la prestación de servicios a actores económicos no estatales. Oliva Yero también anunció un acuerdo con el Centro de Inmunología Molecular (CIM) para el traslado de materias primas y productos biotecnológicos, como vacunas contra el cáncer, entre La Habana y el oriente del país.
Paradójicamente, la dirección de la empresa presentó un proyecto para un servicio ferroviario \»rápido\» entre La Habana y Santiago de Cuba, con un recorrido estimado de 17 horas y 20 minutos y tres paradas intermedias. Esta propuesta contrasta abiertamente con la realidad actual del sistema, donde los retrasos prolongados y las interrupciones son la norma. Recientemente, el Ministerio de Transporte (Mitrans) redujo las frecuencias interprovinciales, estableciendo salidas de trenes hacia el oriente cada 16 días, ajuste que las autoridades de la isla justificaron por la crisis energética y el déficit de combustible.
El colapso del ferrocarril cubano no es más que el resultado de décadas de mala gestión y falta de inversión por parte del ejecutivo cubano, que ha priorizado el control político sobre el desarrollo de la infraestructura nacional. Mientras el régimen intenta maquillar la crisis con anuncios de trenes de alta velocidad, la población continúa sufriendo el aislamiento y la imposibilidad de movilizarse libremente. Esta situación agudiza el éxodo migratorio y la desconexión territorial, profundizando la crisis social y económica que marca el día a día en la isla.