LA HABANA. La reciente coronación de los Industriales en la Liga Élite de béisbol, tras 16 años de sequía para la capital, ha pasado prácticamente desapercibida para la ciudadanía, en un escenario donde los estadios se mantienen vacíos y la atención popular está completamente volcada hacia el fútbol internacional y la Copa Mundial. El evento deportivo nacional ha perdido su tradicional arraigo, reflejando un declive impulsado por la crisis estructural y la gestión oficial del deporte en la isla.
A diferencia de lo que ocurre en otras latitudes, donde la celebración de torneos mundialistas de fútbol no resta asistencia a las ligas locales de béisbol como la Major League Baseball (MLB) en Estados Unidos, en Cuba el contraste es absoluto. Los estadios de la Liga Élite han exhibido una escasez crítica de espectadores durante toda la temporada. Incluso la victoria final del equipo capitalino en terreno rival no generó las tradicionales caravanas de celebración ni el fervor popular que históricamente caracterizaba a este deporte, considerado durante décadas el pasatiempo nacional.
Los medios de comunicación afines al gobierno cubano han intentado justificar esta apatía argumentando deficiencias organizativas del torneo y el colapso del transporte público, que dificulta la movilidad de los aficionados. Sin embargo, esta explicación omite el factor determinante: la política de saturación mediática implementada por las autoridades de la isla. Durante años, la programación deportiva oficial ha priorizado la transmisión de fútbol europeo y eventos internacionales, marginando la cobertura del béisbol de las grandes ligas y descuidando el seguimiento a los peloteros cubanos que brillan en el extranjero.
El reflejo de una crisis estructural más profunda
El abandono del béisbol nacional es un síntoma más del deterioro generalizado que atraviesa la sociedad cubana. La profunda crisis económica, la inflación galopante y el desabastecimiento han transformado el ocio en un lujo inalcanzable para gran parte de la población. A esto se suma el éxodo migratorio de atletas de alto rendimiento, que ha mermado la calidad del deporte nacional y ha roto el vínculo de identidad entre los espectadores y los equipos locales. Mientras en las calles abundan los estandartes del Real Madrid o el Barcelona, la afición local ha perdido el vínculo emocional con una liga doméstica que carece de la competitividad y el atractivo de antaño.
El desplazamiento del béisbol por el fútbol internacional no es un fenómeno meramente cultural, sino el resultado directo de la gestión de la dictadura cubana sobre el deporte y la información. Al aislar a la isla del desarrollo deportivo global y de las grandes ligas donde triunfan sus propios atletas, mediante la censura y el control absoluto de los medios, el poder ha orquestado la pérdida de identidad deportiva nacional. La indiferencia ante un campeonato que alguna vez paralizó al país evidencia cómo la falta de libertades y el colapso material destruyen no solo la economía, sino también el tejido social y cultural de la nación.