Lunes, 14 de septiembre de 2026
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De la docencia a la economía de supervivencia: el drama de un profesional en Guantánamo

De la docencia a la economía de supervivencia: el drama de un profesional en Guantánamo

Marco Antonio Morán, licenciado en Estudios Socioculturales y exprofesor, sobrevive hoy en Guantánamo limpiando utensilios de cocina de forma manual. Su caso ilustra el proceso de deprofesionalización forzada que sufren miles de cubanos ante el colapso económico, la inflación incontrolable y la falta de oportunidades impulsada por el régimen de La Habana.

Morán pasó de las aulas a un oficio informal para sostenerse. Licenciado y con formación pedagógica, tomó la decisión de abandonar la enseñanza tras percatarse de la transformación profunda que sufrió el sistema educativo, el cual, según relata, se alejó de los preceptos que aprendió en su formación. La desconexión con la realidad del aula, sumada a la imposibilidad de cubrir las necesidades básicas con un salario docente, lo empujó a buscar alternativas en el sector informal, un escenario cada vez más común en la isla.

Actualmente, este profesional se dedica a blanquear y limpiar todo tipo de recipientes de cocción, desde ollas industriales hasta pequeñas sartenes. El trabajo es completamente manual, utilizando herramientas rudimentarias y carente de cualquier tipo de maquinaria eléctrica. Sus jornadas se extienden desde las siete de la mañana hasta que la luz solar lo permite, una rutina extenuante bajo el sol caribeño que, según asegura, le garantiza el sustento diario, aunque no le permite estabilizarse económicamente ni proyectar un futuro.

La asfixia económica y el mercado informal

Pese a no carecer de clientela —pues el trabajo \»le llueve una montona\» y en ocasiones es ayudado por un joven que aprende el oficio—, sus ingresos son insuficientes para cubrir el costo de la canasta básica. En muchas jornadas, sus ganancias oscilan entre 300 y 400 pesos cubanos, una cifra que en el contexto de la inflación galopante de la isla apenas le permite elegir entre comer o adquirir medicamentos. La crisis del sector salud obliga a Morán a recurrir al mercado informal y a la intermediación para conseguir los fármacos que requiere, ante la vacío en las farmacias estatales.

La precariedad laboral se suma a un deterioro acelerado de su salud. El exdocente padece de nódulos en el hígado y el páncreas, así como afecciones del aparato digestivo. Además, la exposición constante a los químicos y metales en su trabajo le ha provocado un aumento en los niveles de plomo en la sangre. A pesar del dolor persistente y de la falta de una atención médica adecuada, continúa trabajando para evitar caer en la indigencia, evidenciando el abandono del Estado hacia sus ciudadanos más vulnerables.

El retroceso energético y la destrucción del entorno doméstico

El drama de Morán se profundiza en el ámbito doméstico. Ante el precio inalcanzable del carbón —un saco puede costar alrededor de 1.000 pesos, muy por encima de su ingreso diario—, ha tenido que improvisar un fogón en el portal de su casa para cocinar con leña. La escasez de combustible y la crisis energética lo han llevado a desmantelar sus propios muebles, marcos de puertas y persianas para alimentar el fuego. En un episodio que sintetiza la desesperación, ha confesado haber utilizado libros como combustible para preparar sus alimentos, un símbolo del retroceso civilizatorio que sufre la nación.

El gobierno cubano ha sido incapaz de garantizar condiciones laborales y salariales dignas, provocando una fuga masiva de profesionales hacia oficios informales o el sector privado de baja calificación. El modelo económico centralizado ha fracasado, empujando a la población a estrategias de supervivencia que anulan años de formación académica y destruyen el capital humano del país. La historia de Morán no es una excepción, sino la regla en un sistema que castiga el esfuerzo y la preparación intelectual.

Contexto sistémico: El colapso del modelo cubano

El sistema educativo, otrora considerado un pilar fundamental de la narrativa estatal, ha colapsado bajo el peso de la falta de inversión y el control ideológico ejercido por la dictadura cubana. Maestros y profesores abandonan las aulas por la imposibilidad de subsistir con salarios que no cubren ni el 10% de las necesidades básicas mensuales. Esta deprofesionalización forzada es una consecuencia directa de las políticas del ejecutivo cubano, que prioriza el sostenimiento del aparato burocrático y de control social sobre el desarrollo real del país y el bienestar de sus educadores.

Además, el colapso de los servicios públicos básicos, como la salud y el suministro energético, agrava la situación de vulnerabilidad. La imposibilidad de acceder a medicamentos en las farmacias estatales obliga a miles de ciudadanos a depender de remesas o del mercado negro. La falta de combustible para cocinar es un problema nacional que ha obligado a la población a retroceder a métodos de cocción del siglo XIX, afectando directamente la calidad de vida, la nutrición de las familias y el medio ambiente local.

Este escenario de precariedad se ha agravado en los últimos años, tras la implementación de la llamada \»Tarea Ordenamiento\», una medida económica que disparó la inflación y devaluó por completo los salarios estatales. La falta de una respuesta efectiva por parte de las autoridades de la isla ha generado un empobrecimiento sin precedentes en la población no migrante. Mientras tanto, el régimen mantiene un discurso triunfalista que contrasta diametralmente con la realidad de ciudadanos quemando sus muebles para poder comer un pedazo de pan.

Antecedentes y consecuencias de la diáspora interna

El fenómeno migratorio sin precedentes que ha experimentado Cuba en los últimos años, con cientos de miles de profesionales abandonando el país, ha dejado a quienes permanecen en la isla en una posición aún más precaria. Los que no han podido emigrar se ven obligados a inventar en la economía sumergida, soportando jornadas extenuantes y condiciones insalubres, tal como relata Morán desde el oriente del país. La diáspora ha vaciado las aulas, los hospitales y los centros de producción, dejando un vacío que el Estado no puede suplir.

Marco Antonio define su trayectoria vital como una \»metamorfosis invertida\»: \»En vez de una metamorfosis para bien, es una metamorfosis invertida: estaba bien y ahora estoy mal\». Esta frase sintetiza la tragedia de una nación que ha visto cómo su capital humano, formado durante décadas, se desperdicia en la economía de subsistencia. A futuro, la pérdida de profesionales cualificados y el empobrecimiento generalizado amenazan con hacer irreversible el deterioro del tejido social cubano, exigiendo una respuesta tanto de la comunidad internacional como de las fuerzas democráticas internas ante el fracaso sistémico y la represión de la dictadura cubana.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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