Lunes, 14 de septiembre de 2026
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El mito del \»Fidel científico\» choca con el colapso farmacéutico y sanitario en Cuba

El mito del \»Fidel científico\» choca con el colapso farmacéutico y sanitario en Cuba

En medio de una aguda y prolongada crisis de desabastecimiento de medicamentos que afecta a la población cubana, Fidel Antonio Castro Smirnov, nieto del exgobernante, reivindicó la figura de su abuelo como un \»científico\» en una entrevista reciente. Las declaraciones contrastan dramáticamente con la realidad de un sistema de salud en ruinas, donde las autoridades reconocen la imposibilidad de producir más del 75% de los fármacos del cuadro básico del país.

En una conversación concedida al medio teleSUR y grabada en Birán, lugar de nacimiento del líder histórico, Castro Smirnov intentó proyectar una faceta poco conocida de su abuelo, asegurando que aplicaba \»un método científico de pensamiento\». Según su relato, aunque el exmandatario no ejerció la profesión, su forma de tomar decisiones estaba basada en la acumulación de datos y no en la intuición, lo que supuestamente derivó en la apuesta estatal por la biotecnología. El nieto del exgobernante, quien es doctor en Ciencias e hijo del físico nuclear Fidel Castro Díaz-Balart, argumentó que el objeto de estudio de su abuelo no se limitaba a un laboratorio, sino que era \»una nación con todas las consecuencias de tipo histórico, político, económico y social\».

En este sentido, Castro Smirnov sostuvo que en la metodología de Castro Ruz \»no valía la prueba y el error\» debido a las consecuencias irreversibles que estos experimentos sociales conllevaban. Sin embargo, la historia de la isla demuestra que la nación entera fue sometida a un macroexperimento de ingeniería social y centralización económica cuyos resultados hoy se traducen en pobreza generalizada, colapso institucional y la incapacidad del Estado para garantizar lo más básico a sus ciudadanos. La negativa a aplicar la \»prueba y error\» se tradujo, en la práctica, en la imposibilidad de corregir políticas fracasadas, arrastrando al país a la ruina material.

A pocas décadas de aquellas declaraciones fundacionales y de la creación de un extenso aparato biotecnológico —que incluye el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (1965), el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (1986) y el Instituto Finlay, entre otros casi 50 centros según la genealogía institucional citada por el entrevistado—, la industria farmacéutica cubana atraviesa su peor crisis. La presidenta del Grupo Empresarial BioCubaFarma, Mayda Mauri, admitió recientemente que 300 de los 395 medicamentos del cuadro básico de salud no pueden producirse por la escasez crónica de materias primas e insumos. Esta carencia deja a la población sin acceso a antibióticos, antihipertensivos, analgésicos y tratamientos vitales para enfermedades crónicas.

\"Entrevista

Entrevista Especial | Dr.C. Fidel Antonio Castro Smirnov – Profesor e Investigador Titular

El deterioro no se detiene en la producción de fármacos básicos, sino que alcanza al Programa Nacional de Inmunización, uno de los baluartes de la propaganda oficial del régimen de La Habana. Durante un taller nacional organizado por el Ministerio de Salud Pública en junio, el jefe del Departamento de Enfermedades Transmisibles, José Raúl de Armas Fernández, alertó que el programa se desarrolla en \»condiciones muy adversas\», marcadas por el déficit de fluido eléctrico y la fuga de recursos humanos. La advertencia sobre la imposibilidad de mantener las coberturas de vacunación infantil pone en evidencia la vulnerabilidad de un sistema que el gobierno cubano ha exhibido históricamente como intocable, y que ahora peligra debido a la inestabilidad del sistema energético nacional, lo que compromete la cadena de frío de las vacunas.

En su intento por construir un relato heroico ligado a la figura de su abuelo, Castro Smirnov recordó la epidemia de dengue hemorrágico de 1981. \»Murieron 101 niños. Yo por poco soy el 102\», expresó, atribuyendo su salvación al interferón producido tras enviar científicos al extranjero. Cifras oficiales de la época, documentadas en un estudio de 1986 en el Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana por Gustavo Kourí, María Guadalupe Guzmán y José Bravo, registran 344.203 casos y 158 fallecidos en poco más de cuatro meses. La crisis sanitaria de entonces es un recordatorio de las vulnerabilidades de la isla frente a enfermedades transmisibles, un riesgo que se ha multiplicado exponencialmente en el contexto actual de colapso hospitalario, falta de agua potable y ausencia de insecticidas para el control de vectores.

El relato del nieto también hizo alusión al discurso del 15 de enero de 1960 ante la Sociedad Espeleológica de Cuba, donde Castro Ruz afirmó que el futuro de la patria \»tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia\». Para dimensionar la audacia de la frase, Castro Smirnov aseguró que en ese momento \»había un 30% de analfabetismo\». No obstante, esta afirmación contrasta con los datos del censo de 1953, que es la base de los balances oficiales sobre la campaña de alfabetización de 1961, el cual registró un 23,6% de analfabetos. Esta manipulación de los datos históricos es una práctica recurrente del gobierno cubano para magnificar sus logros y alterar la percepción de la realidad previa a 1959, construyendo mitos fundacionales que no resisten el escrutinio empírico.

La narrativa del \»Fidel científico\» resulta particularmente irónica cuando se observa la incapacidad de las autoridades de la isla para sostener la infraestructura creada hace décadas. El propio Castro Smirnov relató cómo, en 1993, durante la crisis del Período Especial, el científico Carlos Cabal viajó a La Habana para explicar que era imposible construir un equipo de resonancia magnética nuclear. Según el nieto, \»lo que todo el mundo comprobó era que lo realmente imposible era decirle a Fidel que algo era imposible\». Esta dinámica, donde la voluntad política y el capricho del líder supremo se imponían sobre la viabilidad técnica y económica, es precisamente la raíz de la ineficiencia sistémica que hoy impide a Cuba producir una simple aspirina.

El colapso sanitario en el contexto de la crisis estructural

La parálisis de la industria farmacéutica no es un evento aislado, sino la consecuencia directa de la crisis estructural que atraviesa Cuba. La falta de medicamentos se entrelaza con una hiperinflación galopante, un peso cubano devaluado que no permite a las empresas estatales adquirir insumos en el mercado internacional, y una dependencia absoluta de importaciones que el Estado no puede financiar. Mientras el régimen de La Habana celebra el centenario del nacimiento de su líder histórico con flores y estatuas, la población se ve obligada a recurrir al mercado negro, a la automedicación peligrosa o a depender de los envíos de medicamentos desde el extranjero para sobrevivir a afecciones que antes tenían tratamiento garantizado.

Además, el deterioro del sistema de salud ocurre en un contexto de creciente represión social y censura. Los profesionales de la salud que intentan denunciar las condiciones insalubres de los hospitales, la falta de recursos o el abandono de los pacientes se enfrentan a la maquinaria represiva de la dictadura cubana. La censura impide que la ciudadanía tenga acceso a información veraz sobre el estado real de las epidemias o la cobertura real de los servicios médicos, consolidando un escenario donde la propaganda política prima sobre el bienestar y la vida de los ciudadanos. La represión contra médicos independientes y activistas es la respuesta del poder ante el fracaso de su propio modelo.

Históricamente, el ejecutivo cubano ha utilizado el sector de la salud como una herramienta de propaganda y diplomacia internacional, enviando brigadas médicas al extranjero mientras descuidaba la infraestructura interna. Esta exportación de servicios, que ha generado ingresos vitales para el erario público, no se ha traducido en una mejora sostenida de los hospitales de la isla. La falta de mantenimiento, el envejecimiento del equipamiento y la masiva migración de médicos y enfermeros —huyendo de salarios miserables y condiciones deplorables— han vaciado las policlínicas y centros de salud, dejando a la población desprotegida frente a cualquier emergencia médica.

La reivindicación del \»Fidel científico\» por parte de su nieto llega en un momento de profunda descomposición social en Cuba. La incapacidad de producir ni un tercio de los medicamentos básicos es la prueba más contundente del fracaso del modelo centralizado que, según el relato familiar, despreciaba \»la prueba y el error\» en sus experimentos sociales. Las consecuencias para la ciudadanía son devastadoras: un aumento de la mortalidad por causas evitables, el sufrimiento de pacientes oncológicos y crónicos sin tratamiento, y la pérdida de confianza en un sistema que alguna vez fue promocionado como un referente regional. Ante este panorama, la comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos deben mantener la mirada crítica sobre el régimen, exigiendo transparencia y el cese de las políticas autoritarias que han llevado al pueblo cubano a una emergencia humanitaria silenciosa, donde la ciencia y la salud son rehenes de la ineficiencia y el control político.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

Equipo editorial de Reporte Cuba Ya, medio digital independiente especializado en noticias de Cuba. Cubrimos politica, derechos humanos, economia, feminicidios, presos politicos, oposicion y la crisis humanitaria en la isla. Nuestro compromiso es la veracidad, la independencia editorial y el rigor periodistico.

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