Un creciente brote de dengue avanza por múltiples provincias de Cuba, alimentado por la acumulación de desechos sólidos, la falta de fumigación y los salideros de agua, mientras el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) mantiene un hermetismo absoluto sobre las cifras nacionales. Activistas, residentes y médicos en la isla denuncian que la inacción de las autoridades y la profunda crisis energética e infraestructural han convertido los centros urbanos en criaderos del mosquito Aedes aegypti, elevando el riesgo sanitario ante la circulación simultánea de varios serotipos del virus.
La falta de respuesta institucional frente a la proliferación del vector es una constante en el relato de quienes padecen la crisis en el interior del país. Desde la ciudad de Holguín, el activista Julio César Álvarez describió un panorama desolador donde los enjambres de mosquitos invaden las viviendas. La combinación de agua estancada, tuberías tupidas y la obligación de almacenar agua sin protección ante los constantes cortes eléctricos ha transformado el entorno urbano en un foco de infección. La situación se agrava con la parálisis de los servicios comunales, como denunció el activista Adriano Castañeda desde el casco histórico de Sancti Spíritus, donde la basura acumula casi un mes en las calles bajo el argumento de la escasez de combustible, generando proliferación de roedores y vectores.
El subregistro de contagios es otra de las preocupaciones que atraviesa la emergencia sanitaria. El doctor Roberto Serrano, desde Songo La Maya, en Santiago de Cuba, alertó sobre la disparidad entre la realidad hospitalaria y las estadísticas oficiales. El galeno señaló que la provincia carece de insumos básicos, pesticidas y petróleo para ejecutar campañas de fumigación, calificando el actual estado de la medicina en la zona como \»totalmente cavernícola\». Esta falta de recursos para la prevención contrasta con la priorización gubernamental en otras áreas, evidenciando un abandono sistemático de la salud pública preventiva.
Reconocimiento tardío y fragmentado en provincias
Aunque el ejecutivo cubano mantiene un silencio a nivel nacional, los medios de prensa provinciales se han visto obligados a reconocer el deterioro territorial. En Pinar del Río, la doctora María del Carmen Morejón, directora provincial de Higiene, Microbiología y Epidemiología, reportó un aumento del 17,8% en los síndromes febriles inespecíficos en los últimos balances evaluados. Los municipios de San Luis, San Juan y Martínez, Guane, Pinar del Río y Mantua encabezan los índices de afectación, junto a una alta presencia del Aedes aegypti en localidades como Viñales y Consolación del Sur. En Sancti Spíritus, las autoridades admitieron un incremento en la tasa de incidencia de casos sospechosos durante cinco semanas consecutivas, con Trinidad y la cabecera provincial como epicentros, incluyendo el ingreso de niños en Cuidados Intensivos en momentos previos.
El panorama clínico se torna más crítico en el oriente del país. En Las Tunas, la directora del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología, doctora Yumara Acosta García, confirmó la circulación del serotipo dengue IV, catalogado como el de más casos críticos desde el punto de vista clínico. La situación compleja abarca municipios como Las Tunas, Jesús Menéndez, Jobabo y Puerto Padre. Por su parte, en Guantánamo, las autoridades sanitarias reconocieron recientemente el aumento de la infestación y fallas en la pesquisa de febriles, con circulación simultánea de los serotipos 2, 3 y 4. Los reportes indicaron decenas de casos sospechosos concentrados en el sur de la ciudad, un área golpeada por la falta de pesquisadores, la paralización de la recogida de basura y los apagones prolongados.
En Villa Clara, microbiólogos confirmaron la circulación simultánea de los serotipos II y IV en el municipio de Ranchuelo. La directora de Higiene y Epidemiología provincial, doctora Yarelyn Lorenzo Oyarzabal, advirtió sobre la rapidez con la que estos serotipos pueden agravar el cuadro clínico de los pacientes. En ese momento, el centro de aislamiento Las Tecas contaba con pacientes ingresados, y se habían realizado más de 10.300 pesquisas, fumigando cientos de viviendas en un intento desesperado por contener el avance del vector en zonas densamente pobladas.
A escala nacional, la información más explícita provino de la viceministra de Salud Pública, doctora Carilda Peña García, quien advirtió sobre la posibilidad de una epidemia si no se ejecutaban acciones contundentes, dado que circulan los cuatro serotipos del virus. La funcionaria reconoció el comportamiento endémico del dengue y identificó a La Habana, Matanzas, Cienfuegos, Villa Clara, Ciego de Ávila, Santiago de Cuba y Guantánamo como las provincias de mayor riesgo e incidencia. Sin embargo, estas declaraciones contrastan con la actual falta de transparencia y la ausencia de un balance actualizado que permita a la población dimensionar la magnitud del brote.
La crisis sanitaria como reflejo del colapso estructural
El avance del dengue en Cuba no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia directa del colapso estructural que sufre la isla tras décadas de mala gestión por parte del régimen de La Habana. La incapacidad del Estado para garantizar servicios básicos como la recolección de desechos sólidos, el abasto estable de agua potable y la generación eléctrica ininterrumpida crea el caldo de cultivo perfecto para enfermedades transmitidas por vectores. La escasez crónica de combustible, agravada por la crisis económica y la falta de liquidez, paraliza no solo el transporte, sino también las campañas de salud pública y la propia operación de los sistemas de saneamiento.
La opacidad informativa del gobierno cubano frente a esta emergencia sanitaria forma parte de un patrón más amplio de censura y control sobre los datos que afectan la vida pública. Al ocultar las cifras reales de contagios y defunciones, la dictadura cubana no solo vulnera el derecho de la población a la información, sino que impide la adopción de medidas preventivas por parte de las comunidades. La represión y el acoso a activistas y profesionales de la salud que denuncian la realidad sanitaria en redes sociales evidencian la prioridad del poder político por sobre la salud y el bienestar de la ciudadanía.
Antecedentes de una emergencia endémica
La situación actual tiene raíces en la gestión de arbovirosis de los últimos años. En meses recientes, el director nacional de Epidemiología del MINSAP, Francisco Durán García, admitió que más del 30% de la población cubana había contraído dengue o chikunguña, con transmisión activa en 14 provincias. Poco después, la propia viceministra Peña García reconoció 33 fallecidos por arbovirosis, incluyendo 12 por dengue —siete de ellos menores de 18 años— y 21 por chikunguña, con 14 menores entre las víctimas. Estas cifras situaron el corredor endémico de fiebre en zona epidémica en todo el país, una crisis que nunca se resolvió y que ahora resurge con mayor fuerza.
El riesgo sanitario se multiplica exponencialmente debido a la circulación simultánea de los cuatro serotipos del virus (DEN-2, DEN-3 y DEN-4, y la alerta sobre la presencia del cuarto). Desde el punto de vista médico, quien ya padeció dengue por una cepa específica puede desarrollar formas graves de la enfermedad, como el dengue hemorrágico, si se infecta posteriormente con un serotipo distinto. Esta condición convierte a la población cubana, ya debilitada por la desnutrición, el estrés y la falta de medicamentos, en un grupo de altísima vulnerabilidad ante un posible rebrote descontrolado.
Implicaciones y perspectivas futuras
La inacción frente al dengue augura un agravamiento de la crisis sanitaria en los próximos meses, con consecuencias directas en la mortalidad y la calidad de vida de los cubanos. La falta de recursos en hospitales y áreas de aislamiento, sumada a la ausencia de una estrategia nacional transparente, obliga a la población a enfrentar la enfermedad en condiciones de total desamparo. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos deben prestar atención a este abandono estatal, que se suma a la larga lista de violaciones sistemáticas a los derechos fundamentales en la isla.
El manejo de este brote evidencia, una vez más, que la prioridad de las autoridades de la isla no es la protección de la vida, sino el mantenimiento del control político. Mientras la basura se acumule en las calles, el agua estancada sirva de criadero y los médicos carezcan de insumos básicos, el dengue continuará castigando a los cubanos, silenciado por una maquinaria propagandística que antepone la imagen del régimen a la supervivencia de su pueblo.