La periodista independiente Camila Acosta denunció el despliegue de un amplio operativo de vigilancia y amedrentamiento por parte de la Seguridad del Estado durante la peregrinación católica del Viernes Santo en La Habana, un acto que congregó a cerca de mil personas y que fue fuertemente custodiado por agentes vestidos de civil.
En sus reportes, la comunicadora detalló que decenas de presuntos oficiales se mezclaron entre los feligreses con el objetivo de ejercer control y monitorear cualquier expresión disidente. Acosta relató que, en varios momentos del recorrido, ella y el activista Leonardo Romero Negrín fueron rodeados por estos individuos, evidenciando prácticas de inmovilización rápida similares a las aplicadas durante las protestas masivas del 11 de julio de 2021. La reportera advirtió que ante el actual clima de tensiones, la sola posibilidad de que un asistente profiriera una consigna a favor de la libertad habría derivado en su inmediata detención.
Acosta aseguró que la presencia de los agentes no buscaba pasar desapercibida, sino enviar un mensaje de control absoluto. En sus publicaciones, señaló que el régimen de La Habana teme una explosión social, consciente de la pérdida de respaldo popular y del fracaso de su narrativa oficial, recurriendo a la intimidación como principal mecanismo de contención. \»El peligro son sus ideas, su verdad, su ejemplo de sacrificio\», reflexionó la periodista, vinculando el temor del ejecutivo cubano hacia la figura de Jesús con el miedo que le profesa a la libre expresión y a quienes documentan la realidad nacional.
Represión sistemática contra la sociedad civil
Este patrón de hostigamiento no es un hecho aislado, sino que se enmarca en la creciente criminalización de la libertad de culto y reunión por parte de la dictadura cubana. En medio de una aguda crisis económica, hiperinflación y un éxodo migratorio sin precedentes, el aparato estatal ha endurecido su maquinaria represiva para sofocar cualquier espacio de autonomía ciudadana, incluyendo las celebraciones religiosas. Acosta recordó incidentes similares ocurridos en procesiones de años anteriores, donde fue interceptada por agentes del Ministerio del Interior que exigieron su identificación sin portar uniformes ni credenciales oficiales.
La constante vigilancia sobre actos devocionales y periodistas independientes refleja la fragilidad del control gubernamental y su dependencia en el terror psicológico para evitar nuevos estallidos sociales. Mientras las autoridades de la isla profundizan en tácticas de persecución, la represión continúa limitando severamente el ejercicio de los derechos fundamentales. Sin embargo, como subrayó Acosta, la divulgación de la verdad y la lucha por la justicia por parte del pueblo cubano persistirá como una fuerza imparable frente al silencio impuesto por el poder.