El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos alerta sobre una onda tropical con alta probabilidad de evolucionar en depresión en los próximos días. Aunque el sistema no representa una amenaza inmediata para la isla, las autoridades cubanas enfrentan una temporada activa con una población sumida en la crisis económica, el desabastecimiento y el deterioro estructural que agrava cualquier impacto meteorológico.
Según el reporte del organismo meteorológico estadounidense, una onda tropical situada en el Atlántico oriental presenta un 70% de probabilidad de convertirse en una depresión tropical durante los próximos siete días, desplazándose hacia el oeste-noroeste. El meteorólogo cubano Raydel Ruisánchez matizó que el desarrollo del sistema se ha visto ralentizado por la presencia de aire seco en la zona, por lo que su consolidación se anticipa para mediados o finales de la semana entrante. Hasta el momento, este fenómeno no supone un riesgo directo para tierra.
Una temporada atípica pero latente
Ruisánchez ha señalado el comportamiento inusualmente tranquilo de septiembre, mes histórico para la actividad ciclónica, con apenas seis tormentas tropicales y un huracán registrados hasta la fecha. No obstante, advirtió que si la temporada retoma su patrón normal, podrían formarse hasta ocho sistemas adicionales en octubre y noviembre. Para este 2025, el Instituto de Meteorología de Cuba y los centros de Pronósticos del Clima estiman una temporada activa, con la formación de 15 tormentas tropicales, de las cuales ocho podrían alcanzar la categoría de huracán.
Este panorama meteorológico se cierne sobre una nación en profunda crisis estructural. El régimen de La Habana reconoce un 50% de probabilidad de que la isla sea impactada por al menos un huracán, pero la realidad ciudadana dista mucho de estar preparada para enfrentar un desastre natural. El colapso del sistema eléctrico, la escasez crónica de materiales de construcción, la vulnerabilidad de la vivienda cubana y la incapacidad logística del gobierno cubano para garantizar recursos de protección a la población configuran un escenario de alto riesgo. Ante la eventualidad de un impacto directo, la falta de capacidad de respuesta estatal dejaría a miles de familias en total indefensión.
Las estimaciones oficiales indican que de los sistemas esperados, diez se originarían en el océano Atlántico, tres en el Mar Caribe y dos en el golfo de México. La probabilidad elevada de que se origine e intensifique un huracán en el Caribe (75%), o que penetre uno desde el Atlántico (50%), obliga a contemplar las graves implicaciones humanitarias que esto conllevaría para los cubanos. Mientras la dictadura cubana mantiene sus prioridades enfocadas en el control político y la represión social, la ciudadanía enfrenta la amenaza climática sin redes de seguridad, dependiendo de la solidaridad internacional para mitigar lo que podría convertirse en una catástrofe sin precedentes en la isla.