Una nueva desconexión masiva del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) dejó a oscuras a varias provincias del occidente de Cuba, incluida La Habana, durante la madrugada de este miércoles. El fallo en una línea de transmisión clave evidencia, una vez más, el deterioro terminal de la infraestructura energética gestionada por el régimen de La Habana.
El apagón se originó alrededor de las 5:00 a.m., tras un fallo en la línea que enlaza Santa Cruz del Norte con la termoeléctrica Antonio Guiteras. Esta avería provocó una sobrecarga en el sistema y la consecuente división del SEN, afectando el suministro eléctrico desde Mayabeque hasta el extremo occidental de la isla. La Unión Eléctrica (UNE) confirmó la salida de operación de plantas en Mariel, Santa Cruz del Norte, Céspedes 3 y Felton, mientras las brigadas técnicas del Ministerio de Energía y Minas intentan restablecer el fluido sin un horario claro de solución.
Este incidente no es un hecho aislado, sino la manifestación de una crisis energética prolongada que golpea sin tregua a la población. Solo en la jornada previa, el déficit de generación superó los 2.000 megawatts (MW), con un pico de 2.105 MW en horas nocturnas, lo que mantiene a la ciudadanía bajo afectaciones continuas durante las 24 horas del día. A las averías en las unidades de Felton y Renté se suman los mantenimientos forzosos en Mariel, Santa Cruz, Cienfuegos y la planta de Energás Puerto Escondido.
El colapso estructural de la red energética
La dependencia de termoeléctricas envejecidas, muchas con más de tres décadas de explotación, es el resultado de décadas de mala planificación y falta de inversión por parte del gobierno cubano. Estas instalaciones operan con fallas constantes, escaso mantenimiento y un déficit crónico de combustibles y lubricantes. La paralización de la generación distribuida y la ineficacia estatal para revertir el colapso del sistema han convertido los apagones en una constante, sumiendo a la isla en un espiral de desabastecimiento e inestabilidad que agrava el éxodo migratorio y la crisis económica generalizada.
Mientras las autoridades de la isla insisten en promesas de recuperación, la realidad cotidiana de millones de cubanos está marcada por la incertidumbre y el deterioro acelerado de su calidad de vida. La incapacidad del ejecutivo cubano para garantizar un servicio básico como la electricidad no solo impacta la vida doméstica, sino que asfixia la ya mermada actividad productiva, augurando un escenario de mayor tensión social y profundización de la crisis estructural en los meses venideros.