El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, participó este jueves en un acto oficial en Caracas encabezado por la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, en homenaje a los efectivos cubanos y venezolanos muertos durante el operativo estadounidense que culminó con la detención de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. La presencia del canciller en territorio venezolano no había sido anunciada por los canales oficiales de La Habana y se conoció a través de imágenes difundidas por la televisión estatal venezolana y una publicación posterior del propio funcionario en la red social X.
La ceremonia se desarrolló en instalaciones militares de la capital venezolana e incluyó ascensos póstumos y condecoraciones a los efectivos fallecidos durante los ataques. Según han reconocido autoridades de ambos países, entre los muertos se encuentran 32 ciudadanos cubanos que pertenecían a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y al Ministerio del Interior, y que se encontraban desplegados en Venezuela como parte de la cooperación bilateral entre La Habana y Caracas. La confirmación oficial de la presencia de personal militar y de seguridad cubano en territorio venezolano echa por tierra dos décadas de negaciones sistemáticas del régimen de La Habana, que siempre había rechazado tener tropas, agentes de inteligencia u operaciones militares en el país sudamericano.
Durante el acto, Rodríguez pronunció un discurso en el que vinculó explícitamente el proyecto político de ambos gobiernos y reivindicó el carácter simbólico de la alianza entre La Habana y Caracas. El canciller afirmó que \»la revolución bolivariana y chavista, y la revolución cubana serán ejemplo para la liberación de los pueblos de nuestra América\» y calificó a los fallecidos como víctimas de un \»desigual combate\». Tras la ceremonia, el funcionario reforzó ese tono en X: \»Junto a la Presidenta Encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, y otros altos representantes del Gobierno Bolivariano, rendimos tributo a los combatientes cubanos y venezolanos caídos en la criminal agresión militar estadounidense. La sangre de ambos pueblos se fundió en tierra venezolana, como corresponde a naciones hermanas\».
Una alianza bajo presión
La aparición de Rodríguez en Venezuela se produce en un escenario de alta tensión regional, marcado por la detención del exmandatario Nicolás Maduro, el establecimiento de un gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez y la incertidumbre sobre el futuro de la alianza estratégica entre Cuba y Venezuela, históricamente sostenida en los planos político, militar y energético. La cooperación entre ambos países, iniciada a principios de los años 2000, ha sido un pilar fundamental para la supervivencia económica de la isla, que depende del flujo de combustible venezolano en condiciones preferenciales para mantener un mínimo de funcionamiento en sectores clave como el transporte y la generación eléctrica.
El gobierno de Estados Unidos, por su parte, ha endurecido su postura frente a la crisis venezolana. Esta semana, la administración Trump comunicó a Delcy Rodríguez una lista de condiciones para que el país pueda incrementar la extracción y volver a comercializar su petróleo, entre las que figura de manera explícita la ruptura de los vínculos con Cuba. Paralelamente, el secretario de Estado, Marco Rubio, detalló un plan de tres fases para Venezuela diseñado para aplicarse tras la captura de Maduro, con el objetivo de evitar un escenario de caos institucional y sentar las bases para una transición política ordenada en el país.
Para la dictadura cubana, el cerco se estrecha. La exposición pública de su despliegue militar en Venezuela y la presión de Washington sobre el gobierno interino de Caracas amenazan con cortar una de las principales fuentes de sostenimiento externo del régimen. En un contexto de colapso económico interno, inflación galopante, apagones prolongados y un éxodo migratorio sin precedentes, la eventual pérdida del apoyo venezolano podría profundizar de manera dramática la crisis que ya asfixia a la ciudadanía cubana. La comparecencia de Bruno Rodríguez en Caracas, lejos de ser un simple gesto protocolar, refleja la urgencia del régimen por preservar una alianza que hoy se encuentra más amenazada que nunca.