La Unión Eléctrica (UNE) pronosticó un déficit de 1.770 megavatios (MW) para el horario pico, lo que dejará sin servicio a más de la mitad de la demanda nacional. La situación ocurre paradójicamente en medio de la mayor disponibilidad de generación de los últimos días, evidenciando el colapso estructural del sistema energético gestionado por el gobierno cubano.
Según el parte oficial emitido este sábado, la afectación prevista alcanza los 1.800 MW frente a una demanda máxima estimada en 3.280 MW, lo que equivale a aproximadamente el 55% del país a oscuras. El informe detalla que durante la jornada del viernes el servicio eléctrico estuvo interrumpido durante las 24 horas, registrando un pico de corte de 1.816 MW a las 18:10. Las autoridades de la isla atribuyen el faltante a una combinación de averías técnicas en termoeléctricas y severas restricciones de combustible.
Entre las principales incidencias reportadas se encuentran averías en las unidades 5 y 8 de la central termoeléctrica (CTE) Mariel, así como en la unidad 2 de la CTE Felton. A esto se suman mantenimientos en las CTE Santa Cruz y Carlos Manuel de Céspedes. Sin embargo, la falta de combustibles y lubricantes representa un golpe decisivo para la red: 1.047 MW se encuentran indisponibles por estas restricciones, incluyendo 89 centrales de generación distribuida, la central fuel de Moa y la carencia de lubricantes que deja fuera de servicio a 149 MW adicionales.
El colapso energético refleja la crisis estructural de la isla
Los cortes de luz se han normalizado en el panorama nacional, con provincias que apenas disponen de dos a cuatro horas de electricidad al día, mientras en la capital los apagones no programados superan frecuentemente las nueve horas diarias. Este escenario es consecuencia directa de décadas de falta de inversión y mala gestión por parte del régimen de La Habana, que ha llevado al envejecimiento prematuro de la infraestructura eléctrica. En menos de un año, el país ha sufrido apagones nacionales repetidos, profundizando la que ya es considerada la peor crisis económica en décadas.
La ineficiencia del ejecutivo cubano para garantizar un servicio básico como la electricidad continúa deteriorando la calidad de vida de la ciudadanía y exacerbando el éxodo migratorio incesante. La incapacidad para estabilizar la red eléctrica no solo paraliza la ya mermada actividad económica y productiva, sino que agrava problemas sanitarios y sociales, dejando a la población en una vulnerabilidad extrema frente a la inacción y la falta de soluciones reales por parte del Estado.