La familia del fallecido músico Paulo Fernández Gallo, conocido como Paulo FG, denunció este domingo la profanación y vandalismo de su tumba en La Habana, un hecho que coincide con el aniversario del nacimiento del icónico artista y que evidencia el profundo deterioro de la seguridad ciudadana y los valores en la isla.
A través de redes sociales, uno de los hijos del intérprete compartió imágenes del sepulcro, ubicado en el Panteón del Ministerio de Cultura, mostrando severos daños en la lápida y el arrancamiento de elementos de su imagen. En su publicación, el familiar calificó el suceso como un ataque directo a la cultura y la memoria del cantante, quien habría cumplido 64 años en esta misma fecha. La denuncia exige una investigación inmediata por parte de las autoridades competentes, evidenciando la nula garantía de seguridad en los espacios funerarios del país.
El llamado a no permanecer en silencio ha generado una ola de indignación entre seguidores y ciudadanos, quienes lamentaron la pérdida de sensibilidad y el nivel de irrespeto que impera en la sociedad actual. Paulo FG, fallecido en marzo pasado tras un accidente de tránsito, fue una figura cumbre de la música popular bailable, fundador de la orquesta La Élite y autor de éxitos como \»Tú no me calculas\» y \»Sofocándote\», dejando una huella imborrable en varias generaciones de cubanos.
Colapso institucional y abandono de los espacios públicos
Este acto de vandalismo no es un hecho aislado, sino que se enmarca en una crisis estructural más profunda que atraviesa el régimen de La Habana. En los últimos años, se han multiplicado las denuncias de profanaciones y saqueos en cementerios cubanos, especialmente en el Cementerio de Colón. La falta de mantenimiento, el abandono estatal y la desidia institucional han convertido los espacios de descanso en lugares vulnerables al pillaje, en un contexto donde la profunda crisis económica y el desabastecimiento empujan a la delincuencia y al deterioro del tejido social.
La incapacidad del gobierno cubano para proteger incluso los lugares de descanso final de figuras de relevancia nacional subraya el fracaso de las políticas de seguridad y preservación patrimonial del ejecutivo cubano. Ante la pasividad de las instituciones, la exigencia de la familia de Paulo FG resuena como un síntoma más de la desprotección total que sufren los ciudadanos. Mientras la dictadura cubana prioriza el aparato represivo contra la disidencia y el control social, el patrimonio histórico y la memoria colectiva quedan a merced del abandono y la impunidad.