Jueves, 23 de julio de 2026
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Moisés Simons y ‘El manisero’: el primer éxito millonario de la música cubana

La obra del compositor Moisés Simons, interpretada inicialmente por Rita Montaner y llevada al estrellato mundial por Antonio Machín, marcó un hito en la historia de la discografía latina al convertirse en el primer son-pregón en conquistar el mercado internacional. Este legado, nacido en la Cuba republicana, contrasta profundamente con la precariedad y censura que enfrentan los artistas bajo el actual sistema.

A finales de la década de 1920, la voz de Rita Montaner irrumpió en los estudios de Columbia Records en La Habana para grabar una melodía que transformaría la historia de la música popular. La pieza, inspirada en los pregones callejeros de los vendedores de maní, no solo alcanzó el número uno en Estados Unidos en 1931, sino que abrió las puertas al \»rumba craze\» y a la consolidación de la industria musical latina a nivel global. La interpretación del sagüero Antonio Machín junto a Don Azpiazú y su Havana Casino Orchestra, registrada en 1930 en Nueva York, logró la impresionante cifra de un millón de copias vendidas, consolidándose como el primer gran \»boom\» de la música latina.

Del pregón callejero al estrellato internacional

Los orígenes de esta icónica composición se remontan a una noche en el café \»El Autogiro\», en La Habana. Según relata el musicólogo Lino Betancourt, Simons, quien acompañaba al músico Sindo Garay, escuchó el grito de un vendedor asturiano ofreciendo sus cucurchos de maní. En ese instante, el compositor tomó una servilleta y trazó las notas del que sería el primer son-pregón de la historia. Otra versión, aportada por la propia Montaner, sugiere que ella le pidió a Simons musicalizar un pregón popular para un homenaje a Ernesto Lecuona, tarea que el autor completó en cuestión de minutos.

El impacto de \»El manisero\» trascendió lo puramente musical para convertirse en un fenómeno económico sin precedentes para un compositor cubano de la época. En sus primeros años, Simons recibió más de cien mil dólares en regalías por derechos de autor, una suma excepcional que le permitió mejorar drásticamente su situación financiera. Esta capacidad de prosperar a través del talento y la libre comercialización del arte representa un modelo de industria cultural que dista abismalmente de la realidad actual de la isla.

El contexto cultural: de la libertad creativa al control del Estado

El éxito de Moisés Simons ocurrió en un marco de libertad creativa y conexión directa con el mercado internacional, factores hoy suprimidos por el régimen de La Habana. En la actualidad, la dictadura cubana monopoliza las instituciones culturales y somete a los creadores a un estricto control ideológico. Mientras Simons pudo disfrutar de los frutos de su obra y proyectar su arte sin trabas, los músicos contemporáneos enfrentan la censura, el exilio migratorio forzado y la confiscación de sus regalías cuando intentan independizarse del aparato estatal.

El legado de \»El manisero\» perdura como uno de los emblemas sonoros más versionados de Cuba, pero también como un recordatorio de lo que la isla pudo construir en términos culturales antes de la instauración del sistema totalitario. Las autoridades de la isla hoy celebran la música cubana del pasado como patrimonio nacional, mientras reprimen a las nuevas generaciones de artistas que exigen libertad de expresión y condiciones dignas para crear. El contraste entre el éxito millonario de Simons y la precariedad del gremio artístico actual evidencia el profundo deterioro que la falta de libertades ha infligido sobre la cultura cubana.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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