Una joven madre identificada como Lianet Barranco denunció el fallecimiento de su bebé a causa de la negligencia y malas prácticas en el hospital Materno de la provincia de Camagüey. El caso, difundido por el periodista independiente José Luis Tan Estrada, expone una vez más el colapso del sistema de salud materno en Cuba y la normalización de la violencia obstétrica contra las mujeres.
Al ingresar al centro de salud, Barranco comenzó a presentar síntomas graves como hinchazón y dolor agudo, señales que fueron ignoradas por el personal médico. La falta de monitoreo y atención oportuna retrasó el diagnóstico de condiciones críticas como preeclampsia severa, síndrome de HELLP e hígado graso agudo del embarazo. La paciente relató que en ningún momento se le explicó su estado de salud y que, a pesar de la gravedad de su placenta, no se tomaron medidas de urgencia, lo que resultó en la muerte de su hija y puso en riesgo su propia vida.
El caso de Barranco no es un hecho aislado, sino una manifestación más de la crisis estructural que atraviesa la sanidad en la isla. Investigaciones como \»Partos Rotos\», galardonadas en 2023, han documentado cómo las autoridades de la isla ignoran el bienestar de las mujeres en favor de mantener indicadores estadísticos favorables, como una baja tasa de mortalidad infantil. Este modelo médico hegemónico y jerarquizado permite la deshumanización de las pacientes, el uso indiscriminado de prácticas invasivas como la episiotomía y el abandono clínico en los momentos más vulnerables.
Una crisis de salud silenciada por el régimen
Aunque en 2022 el gobierno cubano reconoció superficialmente la problemática en la prensa oficial y anunció planes de acción para mejorar la atención del parto, la realidad demuestra la ausencia total de reformas. Hasta la actualidad, no existen indicios de cambios significativos en los hospitales de la isla. La dictadura cubana continúa priorizando la propaganda sobre la vida, dejando a cientos de mujeres expuestas a la negligencia y al maltrato en instalaciones que carecen de los recursos y protocolos básicos para garantizar una maternidad segura.
La denuncia de Lianet Barranco trasciende la tragedia personal para convertirse en una alerta sobre las consecuencias directas del deterioro institucional en Cuba. Mientras el régimen de La Habana se jacta internacionalmente de sus logros en materia de salud, las ciudadanas enfrentan un sistema negligente que les niega el derecho a una atención digna. La impunidad en estos casos no solo agrava el sufrimiento de las familias, sino que profundiza el colapso social y refleja la urgente necesidad de rendición de cuentas que el poder en la isla sigue eludiendo.