La activista cubana Carolina Barrero denunció durante el Copenhagen Democracy Summit que la dictadura cubana opera como uno de los principales motores de la agenda autocrática global, revelando además la infiltración de la inteligencia de la isla en los aparatos de seguridad de Venezuela y Nicaragua para reprimir a la disidencia.
Desde el panel \»Derrocando Dictaduras\», la presidenta de la organización Ciudadanía y Libertad expuso cómo las metodologías de control, persecución y tortura aplicadas por organismos como el SEBIN y la DGCIM en Venezuela tienen un diseño directamente vinculado a La Habana. Barrero aseguró que la inteligencia del régimen de La Habana no solo asesora, sino que opera desde dentro de estos aparatos de seguridad, exportando un modelo de represión que ya forma parte de la crisis estructural de derechos humanos en la región.
La activista también criticó severamente la inacción y el enfoque reduccionista de la comunidad internacional frente a la situación de la isla. Barrero sostuvo que las respuestas globales seguirán llegando tarde y mal calibradas mientras se continúe tratando el problema cubano como una simple disputa bilateral entre La Habana y Washington. Esta visión, según explicó, invisibiliza el alcance transnacional del autoritarismo impulsado por el gobierno cubano y minimiza la represión sistemática que ejerce contra su propia población.
Coherencia internacional y resistencia cívica en la isla
En su intervención, compartida con figuras como la activista iraní Masih Alinejad, el opositor venezolano Leopoldo López y el político ugandés Bobi Wine, Barrero exigió coherencia a los actores democráticos. Cuestionó la validez de los acuerdos sin condicionamientos con gobiernos que violan los derechos humanos de forma habitual. Asimismo, lamentó que la atención internacional se centre en actores externos mientras se ignora la resistencia interna en Cuba, citando como ejemplos la reciente protesta en Morón y la quema de una sede del Partido Comunista, actos que calificó de profundamente significativos frente a un sistema totalitario.
El llamado de Barrero se produce en un contexto donde la dictadura cubana intensifica el acoso a la sociedad civil mientras el país se sume en una profunda crisis económica, desabastecimiento y un masivo éxodo migratorio. La activista concluyó subrayando la necesidad de articular un frente cívico amplio que integre a jóvenes, mujeres y defensores de derechos humanos dentro y fuera de la isla. La democratización de Cuba, advirtió, dependerá de una ciudadanía consciente de su poder y de una comunidad internacional dispuesta a otorgarle legitimidad política frente a las autoridades de la isla.