Miércoles, 22 de julio de 2026
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Derechos humanos

La dictadura cubana silencia la masacre en Irán y replica la propaganda de Teherán mientras escalan los muertos a 2.751

La represión desatada por el régimen iraní contra las protestas ciudadanas ha dejado al menos 2.751 muertos desde finales de diciembre, según el balance de la organización Human Rights Activists News Agency (HRANA). Ante esta tragedia, el gobierno cubano ha guardado un silencio cómplice y sus medios oficiales se han limitado a difundir la versión de Teherán, que responsabiliza a potencias extranjeras de la violencia y deslegitima las demandas sociales de los manifestantes.

El informe de HRANA detalla que entre las víctimas mortales figuran 2.403 manifestantes, 147 personas vinculadas a las fuerzas gubernamentales, 12 menores de edad y nueve civiles ajenos a las protestas. La organización advierte que la cifra real podría ser superior, dado que el régimen iraní ha impuesto severas restricciones al acceso a internet y a las comunicaciones en múltiples regiones del país, dificultando la verificación independiente de los datos. Las movilizaciones, descritas como una de las mayores oleadas de protesta en años, surgieron en un contexto de profundo deterioro económico y descontento social generalizado, y han sido respondidas con fuerza letal, detenciones masivas y procesos judiciales contra participantes.

Complicidad informativa y silencio diplomático

La respuesta del régimen de La Habana ante la crisis iraní ha sido la de un aliado estratégico que prioriza la solidaridad autocrática sobre los derechos humanos. El ejecutivo cubano no ha emitido pronunciamiento público alguno sobre el incremento de la cifra de muertos. Mientras tanto, la prensa oficial de la isla ha centrado su cobertura en reproducir la narrativa de Teherán: marchas de \»solidaridad nacional\», denuncias de injerencia estadounidense e israelí, y la presentación de los manifestantes como agentes de potencias extranjeras. Este enfoque omite por completo las denuncias de organizaciones independientes y los testimonios de las víctimas, en una práctica habitual de la propaganda cubana ante crisis internas en países aliados.

Las relaciones entre La Habana y Teherán se remontan a 1979, cuando Fidel Castro fue uno de los primeros jefes de Estado en reconocer al nuevo liderazgo surgido de la Revolución Islámica. Ese mismo año, Cuba impulsó el ingreso de Irán al Movimiento de Países No Alineados. Desde entonces, ambos gobiernos han mantenido vínculos diplomáticos estables y una cooperación que abarca ámbitos políticos, científicos, económicos y militares. Aunque el intercambio comercial bilateral ha sido limitado —según el Observatorio de Complejidad Económica, en 2018 las exportaciones cubanas a Irán rondaron los 97.000 dólares y las importaciones los 60.000—, la alianza política se ha mantenido activa, especialmente en foros internacionales donde ambos regímenes se respaldan mutuamente frente a las condenas por violaciones de derechos humanos.

Un patrón de silencio ante la represión

La postura de la dictadura cubana frente a la masacre en Irán no es una anomalía, sino la expresión de una doctrina coherente: la defensa de la soberanía autoritaria por encima de la vida humana. El mismo patrón de silencio y manipulación informativa que el régimen de La Habana aplica frente a la represión en Nicaragua, Venezuela o China se reproduce ahora con Irán. La prensa oficial cubana, controlada totalmente por el Estado, opera como correa de transmisión de los argumentos de gobiernos aliados, atribuyendo los conflictos internos a factores externos y negando sistemáticamente la legitimidad de las demandas ciudadanas.

Este silencio cobra una dimensión particularmente cruel en el contexto cubano actual, donde la propia población enfrenta una crisis estructural profunda, con inflación galopante, desabastecimiento crítico, colapso de los servicios públicos y un éxodo migratorio sin precedentes. La complicidad de las autoridades de la isla con la represión iraní refleja el temor a que las oleadas protestatarias que recorren el mundo encuentren eco en las calles cubanas, donde el régimen mantiene un aparato represivo igualmente dispuesto a usar la fuerza contra la disidencia. La comunidad internacional, que ya ha llamado a la contención y al respeto de los derechos humanos en Irán, debería extender esa misma exigencia a todos los regímenes que, como el cubano, legitiman con su silencio y su propaganda la violencia de Estado contra los pueblos que oprimen.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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