Un grupo de residentes, en su mayoría madres con niños, bloqueó la calle Monte en Centro Habana para protestar por el desabastecimiento de agua que en algunos casos supera las dos semanas. La manifestación derivó en un operativo de las autoridades, quienes rodearon a Magalys Anglada Mena, hija de la activista exiliada Ariadna Mena Rubio, tras intentar disolver la protesta con el uso de la fuerza.
La protesta estalló en la mañana de este lunes cuando los vecinos, desesperados tras más de cinco días sin servicio de agua potable, decidieron cortar el tráfico. Según testigos y denuncias en redes sociales, efectivos de la dictadura cubana intentaron reprimir a los manifestantes, pero la intervención de la comunidad impidió momentáneamente el desalojo. La situación se volvió tensa cuando la hija de la activista Ariadna Mena Rubio fue rodeada por agentes estatales, generando preocupación por su integridad física y un llamado urgente a la solidaridad ciudadana.
Desde el exilio, Ariadna Mena Rubio transmitió en directo para visibilizar la situación de su hija, responsabilizando directamente al régimen de La Habana por la crisis hídrica. Mena Rubio denunció la hipocresía institucional al contrastar la escasez extrema que sufren los habaneros —quienes han tenido que cargar agua del Malecón— con la disponibilidad de recursos y eventos recreativos en zonas turísticas como Cayo Santa María. La activista también criticó la inacción de la delegada de la circunscripción, Madeline Ramírez, y exigió que la ciudadanía abandone el miedo para exigir sus derechos fundamentales.
Una crisis hídrica que colapsa a la isla
El estallido social en Centro Habana no es un hecho aislado, sino el síntoma de una crisis estructural que afecta a casi todo el país. Datos de la propia prensa oficial reconocen que el 99% del territorio nacional sufre de sequía meteorológica, catalogando el período actual como el más seco desde 1901. Provincias como Santiago de Cuba, Holguín, Guantánamo y Ciego de Ávila, junto a La Habana, suman cientos de miles de afectados que padecen el colapso de la infraestructura hidráulica y la ineficiencia del gobierno cubano para garantizar un servicio básico y vital.
La represión contra las madres que reclaman agua en las calles de La Habana evidencia la incapacidad del ejecutivo cubano para resolver las necesidades más elementales de la población, optando en cambio por la criminalización de la protesta social. Estos eventos auguran un escenario de mayor inestabilidad si la escasez persiste, aumentando la presión sobre una ciudadanía que alcanza su límite de tolerancia y que podría llevar a un escalamiento de las movilizaciones populares frente a la intransigencia del Estado.