Casi la mitad de los residentes en la provincia de Santiago de Cuba continúan sin servicio eléctrico tras 18 días del paso del huracán Melissa por el oriente de la isla, según reconoció la Empresa Eléctrica local. La situación se agrava por un déficit estructural de generación a nivel nacional que mantiene a casi la mitad del país a oscuras durante las horas pico.
La Empresa Eléctrica de Santiago de Cuba informó que 199.009 clientes cuentan con servicio en la provincia, lo que representa apenas el 55% del total. En la ciudad cabecera la cobertura alcanza el 81%, con 151.611 clientes conectados. Sin embargo, el panorama es dramático en municipios como Tercer Frente, donde solo el 6,6% de la población tiene acceso a la electricidad, configurándose como la zona más crítica del territorio suroriental.
El gobierno cubano asegura que los trabajos de restauración se desarrollan de manera ininterrumpida, priorizando zonas vulnerables, densamente pobladas y donde se ubican servicios básicos. Los daños incluyen la caída de postes, el colapso del tendido eléctrico y la destrucción de infraestructuras. No obstante, la lentitud de la respuesta evidencia la precariedad de los recursos materiales y técnicos disponibles para enfrentar contingencias de esta magnitud.
Crisis energética nacional: un colapso sistémico
La situación en el oriente se entrelaza con la profunda crisis energética que sufre toda la isla. Las autoridades del régimen de La Habana reconocieron que el huracán dejó fuera de servicio 337 megavatios (MW) en la región entre Las Tunas y Guantánamo, lo que se sumó al déficit general ya existente. Actualmente se encuentran averiadas las unidades 5 y 6 de la Central Termoeléctrica (CTE) Antonio Maceo, la unidad 2 de la CTE Felton y la unidad 5 de la CTE Nuevitas. Además, permanecen fuera de servicio por mantenimiento la unidad 2 de la CTE Santa Cruz y la unidad 4 de la CTE Carlos Manuel de Céspedes en Cienfuegos.
Para el horario pico, la estatal Unión Eléctrica prevé una disponibilidad de 1.595 MW frente a una demanda máxima de 3.000 MW, lo que arroja un déficit de 1.405 MW. La empresa pronostica una afectación de 1.475 MW, dejando a casi la mitad de la isla sin suministro eléctrico. Esta crisis, que se arrastra desde mediados de 2024, responde a la combinación de centrales térmicas obsoletas, falta de combustible y lubricantes, paralización de motores de generación distribuida y una gestión gubernamental incapaz de garantizar la sostenibilidad del sistema electroenergético nacional.
Las consecuencias para la ciudadanía son severas y multidimensionales. La falta prolongada de electricidad compromete la conservación de alimentos, el acceso al agua potable, el funcionamiento de centros de salud y la actividad económica en una provincia que ya enfrenta los efectos combinados de la inflación, el desabastecimiento y el colapso de los servicios públicos. Mientras tanto, el régimen cubano continúa sin ofrecer soluciones estructurales, limitándose a comunicar cifras de afectación y promesas de restauración que, a casi tres semanas del desastre, distan mucho de materializarse para cientos de miles de santiagueros que permanecen a oscuras.