Las autoridades de la isla destinaron los escasos recursos energéticos para sostener las festividades en el centro de Santiago de Cuba, dejando en la oscuridad a municipios y barrios periféricos. Mientras las comparsas desfilaban, cientos de familias enfrentaban la falta de electricidad, agua y el incremento de la delincuencia, evidenciando una vez más la desconexión del poder con la crisis estructural que sufre la población.
La reciente celebración del carnaval en Santiago de Cuba, enmarcada en el aniversario 510 de la fundación de la villa, ha dejado al descubierto la política de gestión del gobierno cubano frente a la emergencia energética. Durante los días de festividad, las principales arterias de la ciudad, como las avenidas Sueño, Garzón y Martí, mantuvieron iluminación y música en vivo en horarios restringidos. Sin embargo, en repartos como Vista Hermosa y municipios como Songo La Maya, los cortes eléctricos superaron las 24 horas, alcanzando picos de hasta 29 horas consecutivas sin servicio, según denunciaron los propios residentes.
La priorización del evento festivo sobre las necesidades básicas de la ciudadanía ha generado un profundo malestar social. Testimonios recogidos en redes sociales detallan cómo la penumbra repentina fue aprovechada por bandas delictivas para asaltar negocios y viviendas, obligando a algunos trabajadores por cuenta propia a defenderse. Vecinos relataron tener que cocinar de urgencia alimentos a punto de descomponerse debido a la falta de refrigeración, así como el desespero por la escasez crítica de agua potable, un problema que se agravó con el fallo de los sistemas de bombeo eléctrico. \»Hicieron carnavales para desconectar a los cubanos de la realidad, de la miseria\», criticó un residente del reparto Vista Hermosa, resumiendo el sentimiento de abandono en los barrios.
Una fiesta como mecanismo de distracción ante el colapso sistémico
La situación en Santiago de Cuba no es un hecho aislado, sino un reflejo del profundo deterioro de la infraestructura nacional y la incapacidad del régimen de La Habana para garantizar servicios públicos estables. El sistema eléctrico nacional se encuentra en un estado crítico, con un déficit de potencia que obliga a la aplicación de cortes prolongados en toda la isla. En este contexto, la decisión del ejecutivo cubano de destinar energía a eventos recreativos se interpreta como un intento de anestesiar el descontento social frente a la hiperinflación, el desabastecimiento alimentario y la falta de expectativas que ha provocado el mayor éxodo migratorio en la historia reciente del país.
El contraste entre la algarabía oficial y el sufrimiento cotidiano en la oscuridad reafirma la desconexión total entre la dictadura cubana y las urgencias de su pueblo. A corto plazo, la continuidad de estas políticas de gestión, que privilegian la propaganda y el control sobre el bienestar mínimo de la población, podría catalizar nuevos estallidos sociales. Mientras tanto, la ciudadanía continúa resistiendo el colapso de los servicios básicos, consciente de que las prioridades del Estado están distantes de resolver la profunda crisis humanitaria y económica que atraviesa la nación.