La financiera estatal Fincimex anunció que los beneficiarios en la isla podrán cobrar las transferencias desde el exterior en dólares estadounidenses en efectivo en las oficinas de CADECA, una medida orientada a captar divisas frescas en medio de la profunda crisis de liquidez que atraviesa el país.
Según la comunicación oficial, los receptores tendrán la opción de retirar el dinero en billetes verdes o depositar el monto, total o parcialmente, en una cuenta vinculada a la denominada Tarjeta Clásica. Sin embargo, el anuncio carece de precisiones fundamentales. Las autoridades de la isla no han detallado qué empresas remesadoras operarán el servicio, cuáles serán las comisiones aplicables, los límites de retiro ni los requisitos exactos para realizar los envíos desde cada país. Esta opacidad deja en la incertidumbre cuánto dinero llegará realmente a las familias cubanas tras el cobro de tarifas y recargos.
Una estrategia para retener divisas en el circuito estatal
La medida se inscribe en una estrategia más amplia del ejecutivo cubano para recuperar los flujos de remesas y fomentar una dolarización parcial que el propio primer ministro, Manuel Marrero Cruz, reconoció a inicios de 2024. La Tarjeta Clásica, lanzada poco después, es el centro de esta operación. Con un costo de emisión de cuatro dólares, permite recibir transferencias internacionales y ofrece descuentos en redes comerciales estatales como Cimex, Tiendas Caribe y Gaviota. No obstante, CADECA advierte en su sitio oficial una cláusula determinante: el saldo de la tarjeta no será reintegrado al cliente.
La arquitectura de este mecanismo refleja el control absoluto que la dictadura cubana ejerce sobre la economía nacional. La entrega de efectivo funciona como un anzuelo para empujar posteriormente esos fondos hacia el consumo exclusivo dentro del circuito estatal, evitando que el dólar circule libremente en el mercado informal o escape del control gubernamental. Desde 2023, el Estado ha venido ampliando paulatinamente el uso del dólar en efectivo, primero en depósitos para tarjetas MLC y luego en tiendas vinculadas al turismo y a Cimex.
Impacto en la ciudadanía y contexto internacional
Esta decisión ocurre en un contexto de colapso económico sistémico, marcado por una inflación galopante, el desabastecimiento crónico de productos básicos y un éxodo migratorio sin precedentes que ha convertido a las remesas en la principal red de supervivencia para millones de cubanos. La urgencia por captar estas divisas se intensifica tras las medidas impuestas en 2020 por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que prohibieron a personas bajo jurisdicción estadounidense procesar remesas hacia entidades controladas por las Fuerzas Armadas de Cuba, golpeando duramente las finanzas del régimen.
A futuro, la profundización de esta dolarización controlada augura pocas mejoras reales para la calidad de vida de la ciudadanía, que seguirá dependiendo de los envíos del exterior para subsistir. Mientras el Estado busca asegurar su flujo de caja, la ausencia de reformas estructurales que fomenten la producción nacional sugiere que estos nuevos canales de pago solo prolongarán la dependencia económica y el agotamiento de la población bajo un modelo que privilegia la recaudación de divisas sobre el bienestar social.