La inminente votación en la Asamblea General de la ONU reaviva el debate sobre el embargo estadounidense a la isla, pero los datos comerciales revelan que las autoridades cubanas han incrementado de forma sostenida sus compras de alimentos desde el país norteamericano, contradiciendo la narrativa oficial de un aislamiento absoluto que el régimen de La Habana utiliza para justificar la profunda crisis económica que atraviesa la nación.
Los registros oficiales del Departamento de Agricultura de Estados Unidos exponen una contradicción frontal con el discurso de un asedio económico total. En 2024, las exportaciones estadounidenses hacia el territorio cubano superaron los 370 millones de dólares en productos agrícolas y alimentos básicos, tales como pollo congelado, soja, maíz y trigo. Este flujo comercial no solo se mantiene, sino que ha experimentado un crecimiento notable. En febrero, las transacciones alcanzaron los 47 millones de dólares, marcando el nivel más alto desde 2014, lo que representa un incremento del 75,1 % respecto al mismo mes del año anterior.
La tendencia alcista continúa de manera sostenida. Durante el primer semestre del año, las ventas acumuladas de productos agrícolas estadounidenses a la isla llegaron a 243,3 millones de dólares, un crecimiento del 16,6 % en comparación con el mismo período del año precedente. Las proyecciones basadas en estas tendencias indican que, a final de año, el flujo comercial total superará los 585 millones de dólares. Desde 2001 hasta la actualidad, el gobierno cubano ha adquirido productos estadounidenses por un valor acumulado superior a 7.679 millones de dólares, cifras que resultan incompatibles con la teoría de un bloqueo económico hermético.
Victimización geopolítica frente al colapso interno
El uso estratégico del embargo como justificación universal para los apagones, la escasez, la inflación y el colapso de los servicios públicos ha sido el pilar de supervivencia política de la dictadura cubana durante más de seis décadas. Al transformar su incompetencia administrativa y corrupción institucionalizada en una supuesta resistencia heroica, el ejecutivo cubano ha logrado exonerarse de toda responsabilidad ante la opinión pública internacional. Esta operación de distorsión permite que, mientras la comunidad internacional dirige su atención hacia Washington en busca de culpables, los verdaderos responsables de la crisis estructural y el sufrimiento ciudadano mantengan el control desde La Habana con impunidad casi absoluta.
El próximo debate en la ONU no alterará la legislación estadounidense, pero sí decidirá si la comunidad internacional continúa otorgando legitimidad a una explicación que desmiente la evidencia empírica. Mientras el régimen presenta cifras astronómicas de supuestos daños en foros multilaterales, se omite el debate sobre reservas financieras ocultas que, según revelaciones documentales, superan los 18.000 millones de dólares. La continuidad de este flujo comercial demuestra que el desabastecimiento en Cuba responde fundamentalmente a la mala gestión, la naturaleza extractiva del poder y la falta de libertades, y no a una supuesta asfixia externa.