El dúo de reguetón Los Malditos, integrado por Dany Ome y Kevincito el 13, se presentará este sábado en Santiago de Cuba dentro del marco de las celebraciones por el aniversario del asalto al cuartel Moncada, una fecha de alto contenido ideológico para el régimen de La Habana. La actuación de estos artistas, residentes en Estados Unidos y supuestos beneficiarios de estatus de refugiados, ha generado un intenso debate en el exilio debido a la aparente contradicción política que representa su participación.
La presentación forma parte del evento \»Todo X Santiago\», organizado entre el 24 y el 27 de julio con el patrocinio de Inversiones Pucara y el respaldo del gobierno provincial. La cita coincide con la conmemoración del 26 de Julio, efeméride que las autoridades de la isla utilizan tradicionalmente para reforzar su discurso político. El periodista Mario J. Pentón fue uno de los primeros en señalar la incongruencia ética del dúo, calificando el acto de \»descarada doble moral\», al rendir pleitesía a las mismas instituciones que históricamente han reprimido a la sociedad civil, incluyendo a la madre de Dany Ome, Noelia Pedraza Jiménez, integrante del grupo opositor Damas de Blanco.
El concierto también contará con la presencia de Juan Guillermo Almeida, hijo del fallecido comandante Juan Almeida Bosque, una figura que ha sido criticada por el exilio como parte de la nueva élite privilegiada del sistema. Para los críticos, la suma de estos artistas en un evento patrocinado por el ejecutivo cubano representa un intento de normalizar la presencia de figuras del exilio en la Isla, desdibujando las tensiones políticas y la grave crisis de derechos humanos que atraviesa el país. Dany Ome y Kevincito el 13, quienes crecieron en Hialeah, Florida, habían viajado por primera vez a Cuba en marzo de 2024 para grabar un videoclip, generando entonces un cisma similar entre sus seguidores.
El dilema ético del exilio ante la dictadura cubana
La polémica en torno a \»Los Malditos\» no es un hecho aislado, sino que refleja una problemática más profunda en la relación entre los artistas emigrados y la dictadura cubana. Mientras la isla sufre un colapso sistémico marcado por la inflación, el desabastecimiento y una ola sin precedentes de exilio migratorio, el régimen utiliza eventos culturales y figuras del reguetón para proyectar una imagen de normalidad. En este contexto, la participación de músicos que obtuvieron asilo en el extranjero en festividades oficiales resulta incompatible con la realidad de persecución política y censura que enfrentan los cubanos que disienten del poder.
En el pasado, el dúo había expresado solidaridad con las protestas populares en Cuba a través de redes sociales, publicando un mensaje a favor de la libertad y los manifestantes, el cual fue posteriormente eliminado. Esta actuación en Santiago de Cuba reaviva el debate sobre los límites del arte frente a la represión estatal y plantea interrogantes sobre el futuro de la comunidad artística exiliada. Para muchos cubanos dentro y fuera de la isla, la normalización de estos vínculos con el aparato propagandístico del gobierno no solo resta credibilidad a los artistas, sino que invisibiliza el sufrimiento de una ciudadanía que sigue exigiendo libertades democráticas.