La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aseguró que su gobierno mantiene conversaciones para evaluar una eventual facilitación del diálogo entre Estados Unidos y Cuba, en medio de la profunda crisis económica y humanitaria que atraviesa la isla. La mandataria condicionó esa mediación a la voluntad de ambas partes y reiteró el compromiso de México de continuar enviando asistencia humanitaria, aunque承认 que los envíos de combustible permanecen suspendidos por presión de las sanciones estadounidenses.
Durante su conferencia matutina, Sheinbaum señaló que la eventual mediación \»depende de los dos gobiernos\» y la enmarcó en los principios constitucionales de política exterior de México: autodeterminación, no intervención y solución pacífica de conflictos. Sin embargo, no ofreció detalles sobre el formato, los contactos ni el calendario de esas conversaciones, lo que sugiere que el proceso se encuentra en una fase exploratoria sin garantías de avance concreto. La presidenta subrayó que \»los únicos que pueden decidir el gobierno de Cuba son los cubanos\», una afirmación que contrasta con la realidad de una dictadura que lleva más de seis décadas sin celebrar elecciones libres, transparentes ni plurales.
El anuncio se produce en un contexto de creciente presión económica sobre el régimen de La Habana. A principios de febrero, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que declaró \»emergencia nacional\» respecto a Cuba y estableció un sistema arancelario que permite imponer gravámenes adicionales a importaciones de países que suministren petróleo a la isla. Esta medida ha tenido un impacto inmediato: México, que se había convertido en el principal proveedor de crudo y derivados a Cuba, frenó \»por lo pronto\» los envíos de combustible, pese a las críticas de las autoridades mexicanas a las sanciones.
Ayuda humanitaria como paliativo ante el colapso estructural
La semana pasada, dos buques mexicanos arribaron al puerto de La Habana con más de 814 toneladas de ayuda humanitaria, compuesta por alimentos, productos de higiene e insumos básicos. Sheinbaum llamó a otros países a sumarse a esta asistencia y reconoció que, además del gobierno, existen iniciativas ciudadanas de solidaridad con el pueblo cubano. La mandataria insistió en que \»no debe afectarse a los pueblos nunca\», una declaración que, aunque legítima en su dimensión humanitaria, omite la responsabilidad directa del gobierno cubano en la crisis que hoy asfixia a la población.
La realidad es que el desabastecimiento, la inflación galopante, el colapso del sistema eléctrico y el éxodo migratorio sin precedentes que sufre Cuba no son consecuencia exclusiva de las sanciones estadounidenses. Son también el resultado de décadas de mala gestión, centralización económica, corrupción institucionalizada y ausencia de libertades que han ahogado la productividad y expulsado a cientos de miles de cubanos. La ayuda humanitaria, por necesaria que sea para aliviar el sufrimiento inmediato de la población, no aborda las causas estructurales de la crisis ni exige al régimen rendición de cuentas.
Sheinbaum afirmó que su gobierno realiza \»todas las acciones diplomáticas necesarias\» para recuperar el envío de petróleo a Cuba y calificó las sanciones de \»muy injustas\», argumentando que \»no se puede ahorcar a un pueblo así\». Sin embargo, la suspensión de los envíos energéticos evidencia que incluso los aliados más cercanos de La Habana se ven obligados a ceder ante la presión económica de Washington. Para la ciudadanía cubana, las consecuencias son inmediatas: apagones prolongados, interrupción de servicios básicos y mayor dificultad para acceder a bienes esenciales. Mientras el régimen de La Habana busca aliados internacionales que alivien la presión sin tener que abrir espacios democráticos, los cubanos continúan soportando el peso de un sistema que ha fracasado en garantizar las condiciones mínimas de vida.